Por Francisco Bolzán

Todos sabemos que los árboles nos proporcionan el oxígeno necesario para la vida, sin embargo esa no es su única función dentro de la naturaleza. «En las ciudades, el principal rol que tiene el árbol es proporcionar sombra y regular la temperatura», indicó la licenciada en Biología e investigadora del Conicet Luciana Peirone, en diálogo con RECONECTAR.

«Al haber mucho cemento y por la circulación de vehículos, se acumula el calor. Los árboles reducen la temperatura y aumentan la humedad, también filtran el aire, atraen a la fauna, aves y otros seres vivos«, agregó.

«En la naturaleza, por ejemplo en los bosques, los árboles cumplen una función muy importante en la dinámica del agua y la dinámica del suelo. Funcionan como bombas hídricas naturales: toman el agua que está en el suelo a través de sus raíces, la transpiran y la pasan a la atmósfera. Luego esa agua cae como lluvia. Eso es lo que conocemos como ciclo del agua, de alguna manera los árboles sostienen el ciclo hídrico natural de un ecosistema», explicó la especialista en diálogo telefónico desde Córdoba.

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Respecto a la dinámica del suelo, «los árboles están adaptados a cada región y a cada clima y eso les hace tener diversas características en sus hojas y en su composición, que hace que cuando se descomponga su material, esos nutrientes entren de vuelta al ecosistema«, detalló. «Además, son hábitats de otros seres vivos, lo cual es muy importante en el ecosistema».

¿Hay árboles mejores que otros?

«El mejor árbol es el que crece naturalmente en cada lugar. Por algo hay distintas especies de árboles, cada uno adaptado al clima donde evolucionó. Entonces, no es que haya un árbol ideal para todo el mundo, como se plantea con el kiri, que se promociona como un árbol que nos va a solucionar todos los problemas del cambio climático», sostuvo Luciana Peirone.

Cada especie, en cada región, «cumple las funciones según el clima que tenga, la dinámica del agua, del suelo, los animales que haya. Está bueno tener esta visión ecosistémica, no centrarse solamente en un árbol, sino verlo como un elemento más de todo el ecosistema«, remarcó.

La amenaza del kiri

El kiri -Paulownia tomentosa- es una especie originaria de China, del porte del jacarandá, con hojas muy grandes, y puede llegar a alcanzar los 30 metros de altura. En los últimos años ha causado furor por su supuestos múltiples beneficios para combatir el cambio climático sin consecuencias perjudiciales aparentes. Nuestro país no ha sido ajeno al fenómeno y se ha empezado a cultivar en diversas provincias argentinas. 

Pero, en realidad sus propiedades no son tan mágicas. «Primero hay que analizarlo como relativo de quién viene la propuesta. Es raro que venga de una empresa, que promete solucionar todo si le compramos sus árboles», propuso Peirone.

«Desde el punto de vista de la evidencia científica, no sería recomendable plantarlo, por dos razones principales», afirmó la investigadora.

«En primer lugar, se dice que absorbe mucho dióxido de carbono; eso es una propiedad natural del árbol porque viene de regiones tropicales donde hace mucho calor, hay mucha agua y los árboles crecen mucho. Al tener una tasa de crecimiento más rápida, absorbe mucho dióxido de carbono. Pero a la vez, cuando se muere el árbol y empieza a descomponerse, libera también más rápido el dióxido de carbono, que es lo que sucede cuando se descomponen las cosas», argumentó.

«Entonces, no estaríamos logrando el objetivo», sostuvo. «Los árboles que absorben mucho dióxido de carbono y que lo mantienen y retienen durante mucho tiempo son los árboles de crecimiento lento, que son también muy longevos. En Argentina tenemos un montón de árboles nativos de crecimiento lento, por ejemplo el algarrobo. El algarrobo tiene su madera tan dura porque tiene moléculas de carbono retenidas, que fueron absorbidas muy lentamente durante mucho tiempo«, explicó.

Los árboles que absorben mucho dióxido de carbono y que lo mantienen y retienen durante mucho tiempo son los árboles de crecimiento lento

El segundo aspecto a tener en cuenta es que «no se recomienda plantar especies exóticas, porque existe una problemática hoy en día, de que se están reproduciendo sin control estas especies. Por ejemplo, el pino está invadiendo todas las sierras de Córdoba y eso afecta nuestros bosques nativos, y con el kiri se corre ese riesgo», añadió Luciana Peirone.

«Las especies exóticas, al tener un ritmo de crecimiento y reproducción propio de otro clima y otro lugar, empiezan a tomar recursos mucho más rápido que las especies nativas, es decir, empiezan a competir con las nativas. Eso hace que estas disminuyan y que se reduzca la biodiversidad y también hay un impacto hídrico si toman mucho más agua, lo que afecta a los caudales de los ríos. En cuanto al ciclo de nutrientes del suelo, cuando esa materia se descompone, resulta desconocida para el ecosistema y entonces hay fauna que por ejemplo no está adaptada a la cantidad de pinocha que despiden los pinos, porque es muy ácida».

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El kiri, plantado fuera de China, es una amenaza ecológica. Así lo definió el Centro de Especies Invasoras y Salud Ecosistémica de Estados Unidos, que además remarcó que «es agresivo e invade áreas naturales debido a su rápido crecimiento y la ausencia de competidores y enemigos naturales». La calificación puede aplicarse, sin dudas, a muchas otras especies exóticas.

«Enamorarnos de nuestros bosques»

«Tenemos que dejar de pensar en los bosques de Disney o de pinos, que son hermosos, pero no van acá. Vamos a tener que volver a enamorarnos de nuestros bosques y paisajes que son igual de hermosos», propuso Luciana Peirone.

La especialista invita a conocer nuestros paisajes, recorrerlos y ayudar en lo que más se pueda a protegerlos, siempre apuntando a lo nativo y regional. «Esa es la tendencia pero no solo acá, sino que en todo el mundo se está volviendo a dar importancia a las especies nativas de cada sitio». «Estaría buenísimo además volver más verdes las ciudades«, señaló.


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