Por Francisco Bolzán.

El río Paraná atraviesa una pronunciada bajante de su nivel de agua. En el puerto de la capital entrerriana, por ejemplo, este miércoles alcanzaba solo 71 centímetros de altura.

La tendencia se repite en la mayor parte de su recorrido y, si bien genera preocupación, el doctor en Ciencias Ambientales e investigador adjunto del Conicet doctor Luis Espínola aseguró en diálogo con RECONECTAR que «es una bajante natural del río. Es algo aleatorio de la variabilidad climática en donde seguramente hay otros factores que están incidiendo«.

«Si uno mira datos históricos, hubo bajantes mucho más pronunciadas, en 1944 por ejemplo, que fue una de las más importantes. En ese momento se registraban medidas negativas en el hidrómetro y la Laguna Setúbal estaba prácticamente seca. Para llegar a esa misma situación, el río tendría que bajar dos metros más, es decir que por ahora estamos mejor que en el ’44», detalló el especialista.

Descubrí más | ¿Es la pandemia una solución para la crisis climática?

«Esta tendencia actual de bajantes pronunciadas en el río Paraná viene desde 2017. Según el Instituto Nacional del Agua -INA-, la tendencia es que seguirá bajando«, señaló.

«Según climatólogos como el doctor Andrés Antíco, a partir de los pronósticos climáticos, la situación de la bajante no se debe a fenómenos como el Niño ni como el de la Niña ya que actualmente estamos en una situación climática neutra y eso es importante remarcarlo. Además, los pronósticos indican que va a llover un poco menos de lo esperado en la cuenca alta, y eso trae las consecuencias que estamos viendo», agregó Espínola.

Las represas liberan más agua

En las últimas horas, Cancillería Argentina solicitó a las autoridades de Brasil una mayor apertura de compuertas en sus represas. Este martes la represa hidroeléctrica Baixo Iguaçu liberó 350 metros cúbicos por segundo al río Iguazú, que confluye en el Paraná. Este viernes pedirán que la represa Itaipú libere 1.500 metros cúbicos de agua por segundo.

«Equivale prácticamente al excedente de agua que Brasil retuvo en todas sus represas de la cuenca durante este periodo de sequía. Ellos la guardan para energía y nosotros la necesitamos para consumo», detallaron fuentes de la Cancillería de Argentina a El Cronista.

Sin embargo, ese mayor caudal «no tendría implicancia ecológica para los peces«, puntualizó Luis Espínola.

El impacto en los peces

«Los peces que tenemos en el tramo medio del río Paraná están adaptados a las bajantes y crecientes, sean pronunciadas o no. Lo que hay que tener en cuenta es cuánto dura esta bajante, cuánto tiempo está por debajo de la cota de aislamiento de las lagunas -cuando toda la planicie está en total desconexión con el cauce principal del río-, que nosotros medimos en el laboratorio y es de 2,3 metros aproximadamente», indicó el especialista.

Cuando las lagunas quedan incomunicadas con el cauce principal del río, los peces que están dentro no pueden salir y «por eso se está viendo mortandad de peces«. Al mismo tiempo, «otros peces tampoco pueden ingresar a las lagunas para alimentarse o reproducirse -las especies sedentarias que se reproducen en invierno, ya que otras como el sábalo, la boga y el surubí se reproducen a comienzos de primavera-verano-«, detalló Espínola.

«Por eso esperamos que el río empiece a crecer pronto, porque si no ya sí sería perjudicial para todas las comunidades de peces, desde mojarritas hasta bogas, surubíes y sábalos, que son los de importancia comercial», agregó.

«A nivel ecológico, la especie clave del sistema es el sábalo, porque la mayoría de las especies depredadoras, como el dorado o el surubí, se alimentan de las larvas de sábalo. Entonces, al estar afectada la reproducción de los sábalos, también las otras comunidades de peces se ven afectadas», describió el investigador.

La cuarentena ayuda

El aislamiento social preventivo y obligatorio dispuesto en medio de la pandemia de coronavirus COVID-19, «está ayudando a que las personas no vayan al río y pesquen, porque al estar tan bajo, los peces son mucho más fáciles de capturar. La cuarentena ayuda a que no se deprede intencionalmente«, consideró Espínola.

«El punto clave va a ser si crece o no el río. Si de acá a un mes el río tiende a crecer y mantiene la tendencia de crecimiento, no debería haber mayores problemas. Pero si se mantiene en bajante por un largo tiempo, ahí el Gobierno debería tomar algún tipo de medidas para no sobreexplotar el recurso y que pueda recuperarse», sostuvo.

Por ríos sanos

A pesar de las comparaciones con otras referencias históricas, la marcada bajante actual del río genera gran preocupación y ha vuelto a poner sobre la mesa la necesidad de cuidar nuestros recursos naturales con mayores controles sobre las actividades que se realizan en el agua, el tratamiento de residuos y productos tóxicos que terminan en el río, la transformación del modelo de agronegocio y la adopción de sistemas de energía renovable como la eólica y la solar.


Luis Espínola, junto a Martín Blettler, está a cargo del Laboratorio de Hidroecología, del Instituto Nacional de Limnología -INALI-, que depende del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – Universidad Nacional del Litoral -Conicet UNL-, en la ciudad de Santa Fe. Junto al doctor Elie Abrial, la doctora Ana Rabufetti y Florencia Eurich trabaja en ecología de peces, desde el enfoque hidroecológico.