Por Francisco Bolzán

La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje -DEA- que se relaciona con la lectura y la escritura. Los primeros indicadores empiezan a manifestarse marcadamente durante el inicio de la educación formal: en jardín de infantes o el comienzo de la escuela primaria, «cuando empieza el proceso de adquisición del lenguaje escrito, cuando se empieza a aprender a leer y escribir«, indicó Liliana Fonseca, licenciada en Psicopedagogía y magister en Psicología Cognitiva y Aprendizaje, en diálogo con RECONECTAR.

Se estima que el 10% de la población tiene dislexia, aunque una gran cantidad de personas no ha sido diagnosticada. «Los chicos a los que se les enseña a leer con metodologías muy inespecíficas y tienen esta inhabilidad, van a desarrollar más síntomas que otros que tempranamente empiezan a trabajar con didácticas mucho más sistemáticas», afirmó la especialista.

Dislexia y escolaridad

«Justamente, a veces la etapa más ingrata es el momento de la escolaridad. La escuela evalúa fundamentalmente la capacidad de lectura y escritura y cómo se transforma el aprender a leer en leer para aprender», lamentó Fonseca.

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«Estos chicos van a tener muchas dificultades en ese proceso si no nos damos cuenta de esta manera diferente de aprender y los apoyamos para que tengan igualdad de condiciones con todos. Son chicos que van a necesitar más tiempo, más práctica, más esfuerzo«, remarcó. 

Por lo tanto, es importante estar atentos a los primeros indicadores de la dislexia, para que los profesionales puedan diagnosticarla y a partir de allí trabajar en didácticas multisensoriales que los estimulen.

Algunos indicadores son dificultad para leer, cambiar el orden de las sílabas o letras al escribir o leer, intercambiar letras de forma similar: como la b por la p; errores de ortografía que resultan raros, escribir la misma palabra de distintas maneras o no recordar nombres de la maestra o compañeros de escuela, entre otros. 

«Actualmente, la investigación mundial está abocada a identificar esos factores de riesgo tempranamente. Porque se ha comprobado que cuando se trabaja tempranamente, antes que aparezca el fracaso escolar, esa trayectoria escolar va a ser muchísimo mejor», señaló Liliana Fonseca.

«Cuanto antes detectemos factores de riesgo, porque no podemos decir que un chico de 5 años es disléxico, a esos grupos escolares vamos a estimularlos más. Entonces hay muchas posibilidades de que vayan compensando sus dificultades y que no arrastren una historia escolar pesada y difícil», agregó.

En ese sentido, Fonseca opinó que «es un momento auspicioso, porque empezamos a percibir que no todos aprenden de la misma manera y que todos tienen necesidades diferentes».

«A veces es difícil en Argentina, donde tenemos una trayectoria muy vinculada a la igualdad, la homogeneidad, el guardapolvo blanco para todos», tener en cuenta estos «nuevos paradigmas que nos hacen pensar en sujetos originales que van a acceder al conocimiento de diferentes formas. Es un desafío para todos: docentes, padres e instituciones de la comunidad».

Encontrar sus espacios

«En los últimos años ha habido grandes premios Nobel con dislexia», ejemplificó Fonseca, «como el premio Nobel de Química de 2019, el inventor de la pila de litio, John Goodenough«; o Jacques Dubochet, que ganó el premio Nobel de Química en 2017.

«Ellos cuentan cómo fue su trayectoria escolar con muchas dificultades, con muchos apoyos de sus familias y la escuela y cómo en realidad lograron pertenecer a ese mundo científico a partir de generar grupos de trabajo que los fueron sosteniendo en sus inhabilidades», detalló.

Los chicos con dislexia «no tienen límites en cuanto a sus proyectos de vida. Les puede llevar más tiempo, les puede resultar más trabajoso, tienen que encontrar la manera de sortear los desafíos, pero van a poder desarrollarse y van a encontrar sus espacios«, aseveró.

«Los premios Nobel o muchísimos actores y demás personas que han logrado encontrar su espacio de desarrollo y ser exitosos, es porque han logrado preservar su autoestima, construir una autoestima fuerte, darse cuenta que no eran hábiles para algunas cosas pero sí muy hábiles para otras y que estas tenían un espacio en la sociedad. Eso es lo que todos esperamos que les suceda a todos los estudiantes», concluyó Fonseca.


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En Entre Ríos, la Asociación Civil «Los sueños no se leen» brinda acompañamiento a padres de niños con dislexia y periódicamente realiza capacitaciones para docentes.