Por Francisco Bolzán

Este miércoles 22 de abril es el Día de la Tierra. La fecha fue instaurada en 1970, cuando un grupo de 20 millones de personas indignadas por los derrames de petróleo, el smog y la contaminación de los ríos participó de una manifestación en Estados Unidos. Han pasado 50 años y la ocasión invita a reflexionar y realizar un balance.

Los datos no son los que nos gustarían -y los que necesitamos para sobrevivir-, a pesar de los múltiples acuerdos internacionales que han establecido los países y las advertencias de científicos de todo el mundo.

Aunque la conciencia ambiental no es un aspecto medible, es notable que las cuestiones ambientales están presentes en la sociedad, principalmente en las generaciones más jóvenes. Que se hable de estos temas, que la sociedad se interese por conocerlos y que a partir de allí incorpore hábitos más sustentables, es un paso importante y alentador.

¿Cómo cambió la Tierra en los últimos 50 años? Conocé los datos científicos en este informe especial de RECONECTAR.

La crisis ambiental

Las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial alcanzan niveles sin precedentes y, según indica la Organización de las Naciones Unidas -ONU-, parece que aún no han llegado a su punto máximo.

Los últimos cuatro años han sido los más calurosos de la historia y las temperaturas invernales del Ártico aumentaron 3 ºC desde 1990. El cambio climático hace que suba el nivel de los océanos, que se mueran los arrecifes de coral y su biodiversidad, y también afecta nuestra salud. Los impactos del cambio climático se sienten en todas partes y están teniendo consecuencias muy reales en la vida de las personas.

Hoy el mundo enfrenta una pandemia de coronavirus COVID-19. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente -PNUMA-, una nueva enfermedad infecciosa emerge en los humanos cada 4 meses. De estas enfermedades, el 75% provienen de animales. Esto muestra las estrechas relaciones entre la salud humana, animal y ambiental y la importancia de cuidar la biodiversidad para evitar estas enfermedades.

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La economía, que muchos priorizan por sobre el medioambiente, sin embargo también sufre las consecuencias de la crisis climáticas y la falta de acción. «Nos está costando caro y resultará aún más costoso en el futuro. Pero se empieza a reconocer que ahora existen soluciones asequibles y escalables que nos permitirán dar el salto a economías más limpias y resilientes», advirtió la ONU.

Análisis científicos realizados en 2019 indican que, si actuamos ya, podemos reducir las emisiones de carbono de aquí a 12 años y frenar el aumento de la temperatura media anual por debajo de los 2 °C, o incluso a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales.

Un millón de especies en peligro de extinción

El informe de Evaluación Global sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas realizado por la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos -IPBES- y presentado en mayo de 2019, alerta sobre los daños que sufre el medioambiente y los cambios que ha sufrido desde 1970.

Fue elaborado por 145 expertos de 50 países entre 2016 y 2019, con aportes de otros 310 autores contribuyentes, y brinda un panorama completo de la relación entre las vías del desarrollo económico y su impacto en la naturaleza.

El estudio determinó que alrededor de un millón de especies de animales y plantas están ahora en peligro de extinción, más que nunca en la historia de la humanidad.

La abundancia de especies nativas en la mayoría de los principales hábitats terrestres ha disminuido en al menos 20%, en su mayoría desde 1900. Más del 40% de las especies de anfibios, casi 33% de los corales de arrecife y más de un tercio de todos los mamíferos marinos están amenazados. Al menos 680 especies de vertebrados fueron llevadas a la extinción desde el siglo XVI y más de 9% de todas las especies domesticadas de mamíferos utilizados para la alimentación y la agricultura se habían extinguido para 2016, y al menos 1.000 más están amenazadas.

Los autores de la evaluación clasificaron además los cinco impulsores directos de la degradación en la naturaleza con mayor impacto. Estos son, en orden descendente: cambios en el uso de la tierra y el mar, explotación directa de organismos, cambio climático, contaminación y especies exóticas invasoras.

Cambio climático

El informe de IPBES señala que, desde 1980, las emisiones de gases de efecto invernadero se han duplicado, y en consecuencia las temperaturas globales promedio se han elevado en al menos 0,7 ºC. Este cambio climático ya está afectando a la naturaleza a todo nivel, desde los ecosistemas hasta la genética. Se espera que los impactos aumenten en las próximas décadas.

De acuerdo a los datos que brinda el Banco Mundial en su sitio web, las emisiones de dióxido de carbono -CO2- eran de 14,7 millones de kilotoneladas en 1970, mientras que en 2014 -el dato más actual-, la cifra asciende a 36,1 millones de kilotoneladas, es decir, más del doble.

Degradación de la naturaleza

El 75% del medioambiente terrestre y alrededor de 66% del medioambiente marino ha sido alterado significativamente por las actividades humanas.

La producción agrícola ha aumentado en aproximadamente 300% desde 1970. Sin embargo, el 23% de las áreas utilizadas enfrentan una reducción en la productividad por la degradación de la tierra. La extracción de madera en bruto ha aumentado 45% y cada año se extraen en todo el mundo aproximadamente 60.000 millones de toneladas de recursos renovables y no renovables, casi el doble que en 1980.

Entre 1980 y 2000 se devastaron 100 millones de hectáreas de bosques tropicales en todo el mundo, 42 millones de esas hectáreas corresponden a América Latina, como resultado de la expansión de la ganadería y la agricultura. Desde el nuevo milenio, la tasa de pérdida de bosques se ha reducido en el mundo, pero en ciertas regiones se han arrasado por lo menos 32 millones de hectáreas entre 2010 y 2015.

Solo en Argentina se perdieron 15 millones de hectáreas del Chaco entre los años 2000 y 2015. “En el Chaco sudamericano se ha dado la tasa de deforestación más alta del planeta de los últimos 20 años”, sostiene Matías Mastrangelo, investigador del CONICET y autor principal del capítulo 2 del informe del IPBES.

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Hasta US$ 577 mil millones anuales en cultivos están en riesgo por la pérdida de polinizadores y entre 100 y 300 millones de personas tienen un mayor riesgo de inundaciones y huracanes debido a la pérdida de hábitats costeros y su protección.

La contaminación por plásticos se ha multiplicado por 10 desde 1980. Entre 300 y 400 millones de toneladas de metales pesados, solventes, lodos tóxicos y otros desechos de instalaciones industriales se descargan anualmente en las aguas del mundo, y los fertilizantes que ingresan a los ecosistemas costeros han producido más de 400 «zonas muertas» en 245.000 km2 de océanos.

Las tendencias negativas en la naturaleza continuarían hasta 2050 y más allá en todos los escenarios de políticas explorados en el informe, excepto aquellos que incluyen un cambio transformador.

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Logros ambientales

En estas cinco décadas se han alcanzado muchos logros, principalmente a partir del activismo comprometido de los ciudadanos de diversas partes del mundo, nucleados en organizaciones no gubernamentales -ONG-.

A modo general podemos mencionar regulaciones para proteger especies en peligro de extinción, programas de reinserción de fauna en sus hábitats, normativas para resguardar bosques, glaciares, y otras áreas, la prohibición de ciertas sustancias tóxicas, el estímulo a las energías limpias y la adopción de prácticas sustentables. Pero hace falta más para contrarrestar los graves daños.

Informarse, involucrarse y prestar atención a las advertencias de los científicos son puntos importantes. Desde nuestro hogar y nuestras ciudades podemos aportar a una mejora y forzar a los grandes líderes mundiales a revertir esta crisis de la Tierra.