Por Francisco Bolzán

Una escuela de Nivel Inicial y Primaria de Entre Ríos lleva adelante una novedosa metodología para seguir enseñando -y que los niños sigan aprendiendo- en medio de la cuarentena que rige desde el 16 de marzo para las escuelas de todo el país.

La medida adoptada frente a la pandemia obligó a docentes de toda la Argentina a modificar rápidamente sus contenidos y estrategias para educar a distancia. En algunos casos, con nulos o escasos recursos.

Desde el Instituto Gabriela Brimmer, ubicado en la localidad de San Benito, comenzaron a comunicarse a través de WhatsApp, pero «era muy frío mandar todas las planificaciones por mensaje a los padres. Necesitábamos que los chicos vieran a la docente explicar el proyecto y la actividad», contó Mariela Milocco, apoderada legal de la escuela, en diálogo con RECONECTAR. Entonces, comenzaron a pensar otras estrategias con opciones que estuvieran al alcance de todos.

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«Es un distanciamiento físico, pero no queríamos que fuera un distanciamiento social y emocional«, señaló Milocco. Junto a José Bizai -especialista en neuroeducación que ya venía trabajando con la institución- y todo el equipo de la escuela, diseñaron y pusieron en marcha en una semana un método para tener clases todos los días.

«Como nuestro proyecto pedagógico tiene muy en cuenta las emociones, pensamos en alternativas que van más allá de simplemente mandar un mensaje o un correo electrónico. Sobre todo teniendo en cuenta que los padres no son docentes, aunque son aliados fundamentales porque sin ellos no haríamos nada», consideró Bizai, en diálogo por videollamada con esta redacción.

Neurociencias y tecnología

Entonces fortalecieron los grupos de WhatsApp -que reúnen a padres y docentes de cada curso- para enviar fotos, audios, textos o videos. Y por otro lado propusieron clases diarias, durante solo media hora, en vivo a través de la aplicación Zoom.

De este modo, la escuela tiene actividad por videollamadas, de lunes a viernes, de 8 a 12. «De 8 a 8.30 tiene clases 2º grado; de 8.30 a 9 tiene clases 1º grado, y así hasta llegar al mediodía», explicó Bizai.

Esos 30 minutos diarios se aprovechan al máximo: «Dividimos el tiempo en franjas de 10 minutos y cada 10 minutos debe haber un cambio en la herramienta pedagógica o el tema. Entonces se pasa un video o la maestra muestra un títere, o se muestra un archivo de Word para escribir, o se canta una canción», detalló el especialista en neuroeducación.

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«La atención de un adulto dura entre 15 y 18 minutos. En un niño, ese tiempo es menor. Por eso nos ocupamos con los docentes de hacer cambios cada 10 minutos. Tiene que haber un cambio para que la atención del alumno no se disperse«, agregó.

Al mismo tiempo, recomendaron a los padres ciertas estrategias para potenciar este tiempo de aprendizaje en casa: desde que vistan a los niños con el uniforme para las clases virtuales hasta que siempre se conecten desde el mismo rincón de la casa. «Eso predispone a la mente y saben que se van a conectar con los compañeritos de la escuela».

Los resultados

La experiencia está trayendo muy buenos resultados, «extraordinarios», enfatizó Bizai. «La supervisora no podía creer que la escuela estuviera conectada todos los días de 8 a 12, que se dieran todas las áreas especiales, que los chicos tuvieran yoga dos veces por semana, que hicieran educación física con botellas y sillas en esa media hora», destacó Mariela Milocco.

¿Se puede implementar en otras escuelas?

«Hoy en día, si bien existen limitaciones en todo el país, es difícil encontrar una familia que no tenga al menos un celular, y con un celular con 3G te podés conectar. Muchísimos alumnos se conectan por celular y tienen las clases perfectamente bien», sostuvo José Bizai. Del mismo modo, «hay docentes que dan clases con el celular, se puede».

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«Desde mi punto de vista, este sistema se puede llevar a cualquier lugar del país. Lo que te limita es la conectividad a Internet, si se quiere reproducir este modelo tal como lo estamos haciendo nosotros», opinó Milocco. «Llegar puede llegar a todos lados, depende también mucho de las políticas públicas, de la gestión y las ganas que tiene la política de sacar la educación adelante», puntualizó.

Una escuela diferente

Al margen de la iniciativa implementada durante la cuarentena, el Instituto Gabriela Brimmer propone un sistema educativo diferente: «Nosotros trabajamos las materias curriculares mancomunadamente en proyectos. Una materia tiene relación con la otra«, contó Milocco.

«El sistema actual de las escuelas está hecho sobre lineamientos curriculares de ideas de adultos, sin pensar en lo que necesita el chico hoy», cuestionó la apoderada legal. «No podemos tener el mismo sistema educativo de hace 50 años«, añadió.

«Trabajamos inglés desde edades muy tempranas; robótica y matemática desde salas de 2 y 3 años. Las neurociencias ya demostraron hace mucho tiempo que los niños de esa edad tienen noción de cantidades», relató Bizai.

El que implementan es un sistema cerebro compatible, «por que el cerebro trabaja de forma sistémica, relacionando los datos», a diferencia de la educación tradicional «donde veíamos Matemática, después teníamos Lengua, que no tenía nada que ver; después Estudios Sociales, que tampoco tenía nada que ver», ejemplificó Bizai.

Al mismo tiempo, buscan reducir el estrés de alumnos y docentes, trabajando el mayor tiempo posible afuera del aula. «Los bancos están diseñados para que se pueda trabajar en semicírculo, las pizarras tienen ruedas y se pueden trasladar», se permite comer una fruta en el aula durante el tiempo de clase y los bancos «tienen un orificio para poner una botella de agua, porque el agua hace que el cerebro funcione mejor».


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