Redacción Reconectar - Foto: Rodolfo Pani

Cada 22 de mayo se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad, una fecha que nos recuerda la importancia de conservar cada especie y su ecosistema para mantener el equilibrio de la vida.

Habitualmente entendemos por biodiversidad la amplia variedad de plantas, animales y microorganismos existentes. Pero también incluye las diferencias genéticas dentro de cada especie, así como la variedad de ecosistemas -lagos, bosques, desiertos, campos agrarios, etcétera- que albergan múltiples interacciones entre sus miembros -humanos, plantas, animales, microorganismos- y su entorno -agua, aire, suelo-.

Los recursos biológicos son los pilares que sustentan la vida cotidiana de los seres humanos. Los peces proporcionan el 20% de las proteínas animales a unas 3.000 millones de personas. Más del 80% de la dieta humana está compuesta por las plantas. Aproximadamente, el 80% de las personas que viven en las zonas rurales de los países en desarrollo dependen de medicamentos tradicionales basados en plantas para la atención básica de la salud, consignó la Organización de Naciones Unidas -ONU-.

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Por lo tanto, la pérdida de esta diversidad amenaza todos estos ámbitos, incluida nuestra salud. Existen pruebas de que perder nuestra biodiversidad podría aumentar los casos de zoonosis -enfermedades transmitidas de los animales a los humanos- mientras que, por el contrario, si conseguimos mantenerla estable, esta podría ser una gran herramienta en la lucha contra pandemias como aquellas causadas por los coronavirus.

El valor de la biodiversidad

Si bien cada vez somos más conscientes de que la diversidad biológica es un bien mundial de gran valor para las generaciones presentes y futuras, el número de especies disminuye a un ritmo acelerado, debido a la actividad humana.

La actividad humana a lo largo de los siglos ha alterado el 75% del medioambiente terrestre y alrededor del 66% del medioambiente marino. Actualmente, debido a la acción humana, hay 1 millón de especies de animales y plantas en peligro de extinción inminente.

La riqueza biológica de Argentina

Argentina es uno de los países con mayor número de ecorregiones del mundo. Cuenta con 18 ecorregiones: 15 continentales, 2 marinas y 1 en la Antártida. Estas albergan una gran diversidad de especies que entre todos debemos cuidar.

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Sin embargo, la conversión de ecosistemas naturales a tierras agropecuarias, el uso de agrotóxicos, la deforestación, la sobreexplotación de recursos, las actividades extractivas, la introducción de especies exóticas invasoras, el tráfico ilegal de fauna y la crisis climática generada por nuestras acciones constituyen las causas principales de la pérdida de biodiversidad.

«Nuestras soluciones están en la naturaleza»

Mientras la comunidad global debe reexaminar cuanto antes la relación con el mundo natural, lo cierto es que, a pesar de todos los avances tecnológicos, los seres humanos dependemos por completo de ecosistemas saludables y vibrantes si queremos disponer de agua, alimentos, medicamentos, ropa, combustible, refugio y energía, solo por nombrar algunos ejemplos.

Por eso, es primordial avanzar hacia mecanismos de producción sustentables, el uso de energías y combustibles renovables que no contaminen, el reciclaje de residuos y la disminución de la contaminación ambiental.

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En esa línea, la propuesta de la ONU para este año, en medio de la pandemia de COVID-19, remarca que “Nuestras soluciones están en la naturaleza”. Así, se busca enfatizar la esperanza, la solidaridad y la importancia de trabajar juntos en todos los niveles para construir un futuro de vida en armonía con la naturaleza.

«2020 es un año de reflexión, oportunidad y soluciones; es el año en que, más que nunca, debemos expresar nuestra voluntad para ‘aplanar y reducir la curva’ de la pérdida de biodiversidad en beneficio de los humanos y toda la vida en la Tierra», sostuvo la ONU.

La solución está en manos de quienes la causamos. Pero se necesitan no solo acciones específicas, sino también un cambio real en la mentalidad y la transformación en la forma en que nos desarrollamos.


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