Redacción Reconectar - Foto: Rewilding Argentina

Cachito y Flor, dos guacamayos rojos que fueron reintroducidos en el Gran Parque Iberá, en Corrientes, lograron su primera nidificación y puesta de un huevo.

La especie estaba extinta en ambientes silvestres de Argentina desde hace alrededor de 150 años. El proyecto comenzó en 2015 y la Fundación Rewilding Argentina ya liberó 15 ejemplares de estas aves, con el objetivo de reintroducir la especie.

Ya se formaron cinco parejas y esta es la segunda pareja que pone huevos, aunque no prosperaron. Los especialistas señalaron que “si bien aún no hemos registrado el nacimiento de pichones en libertad, sabemos que se trata de un proyecto a largo plazo”.

Los ejemplares de guacamayo rojo provienen de Londres, Inglaterra, y fueron reintroducidos en 2019. Cachito y Flor son la segunda pareja que nidifica, luego de que en octubre de 2019 Nioky y Sopa, los más veteranos del Parque, hayan puesto huevos en su caja nido.

Los especialistas explicaron que esta especie tiene una tasa de reproducción muy baja en la naturaleza, ya que suele necesitar tres posturas de huevos antes de conseguir crías sanas. 

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El director de Conservación de Rewilding Argentina, Sebastián Di Martino, explicó en una entrevista con Efe que la primera vez que esta ave pone huevos se le rompen porque es “torpe”, la segunda vez es incapaz de alimentar a sus crías y la tercera es cuando finalmente los pichones sobreviven.

Sin embargo, pese a que no prosperaron los huevos, la buena noticia es que en ambos casos se trató de huevos fértiles.

Entrenamiento para la libertad

El proyecto de reintroducción de los guacamayos rojos y de otras especies no es sencillo. El camino para conseguir que cada vez haya más huevos y se cree una población autóctona sostenible requiere de un largo proceso de aprendizaje.

Los animales que han vivido en cautiverio no están acostumbrados a volar, por lo que necesitan desarrollar adecuadamente sus músculos. Un grupo de biólogos y veterinarios se encarga de entrenar estas aves en el centro faunístico Aguará, que se encuentra cerca de la localidad correntina de Paso de la Patria.

Primero hacen saltos cortos entre perchas, dentro de grandes jaulas; luego recorren un «túnel de vuelo» de 25 metros de largo y finalmente llegan a completar una distancia de un kilómetro y medio, etapa en la que consideran que los guacamayos están listos para seguir el entrenamiento al aire libre.

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Este proceso, dependiendo del ave, puede durar entre tres y nueve meses. Los que más tardan suelen ser especímenes a los que sus dueños anteriores les cortaron las plumas de las alas durante el cautiverio.

El segundo paso es enseñarles a comer por sí mismos, ya que estos animales están acostumbrados a que se les sirva el alimento y, para vivir en libertad, deben aprender a identificar y tomar los frutos de los árboles cuando tengan hambre.

Guacamayos rojos en el cielo argentino

Hasta el momento, fueron liberados 15 ejemplares y se formaron cinco parejas con sus respectivos nidos -de las cuales solo dos pusieron huevos-, mientras que cinco guacamayos siguen solos. Pero pronto se les unirán otros cinco.

En el centro Aguará actualmente hay cinco ejemplares en entrenamiento, que próximamente serán liberados en un campo llamado Yerbalito San José, una zona de montes y bosque nativo donde el año pasado fueron liberados ejemplares de otra ave, el muitú.

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Los guacamayos rojos son aves territoriales que suelen vivir en parejas estables y formar sus nidos en troncos huecos -por el momento utilizan cajas nido colocadas por los especialistas-, aunque el biólogo Sebastián Di Martino asegura que algunas parejas que vivieron juntas en cautividad se separaron rápidamente al ser liberadas y buscaron nuevos compañeros.

Si todo sigue su curso, a los huevos detectados este viernes se unirán más en los próximos años y, pronto, los cielos de Argentina se teñirán del colorido plumaje de los primeros guacamayos rojos nacidos en libertad en un siglo y medio.

Los esteros del Iberá son uno de los hábitats naturales de los guacamayos rojos. En ese sitio se unen un área protegida nacional y un área protegida provincial, que abarcan en total más de 700.000 hectáreas; es el mayor parque natural de la Argentina.