Por Francisco Bolzán

Sabemos que el coronavirus que originó la pandemia de COVID-19 probablemente tuvo su origen en los murciélagos, aunque también se especula con la posibilidad de que haya un animal intermediario que luego pasó el virus a los humanos. Pero, ¿podemos decir que la culpa fue de estos animales? ¿De dónde salen estas nuevas enfermedades?

«Parece que hay una dificultad muy grande en hacernos cargo de que el problema está atravesado por nosotros, los seres humanos», expresó Marcela Orozco, veterinaria y doctora en Ciencias Biológicas, en diálogo con RECONECTAR.

Orozco es investigadora del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires -IEGEBA-, perteneciente a la Universidad de Buenos Aires -UBA-. Allí estudia el surgimiento de enfermedades humanas a partir de los saltos de patógenos entre distintas especies, un proceso denominado spillover.

Epidemias anteriores

«La realidad es que los datos que tenemos sobre los orígenes de esta pandemia son todavía escasos. Sí tenemos mucha información previa, de SARS -síndrome respiratorio agudo grave, 2002- y MERS -síndrome respiratorio de Oriente Medio, 2012-, que son dos enfermedades que provocaron epidemias y que también fueron originadas por coronavirus y tuvieron su origen en murciélagos», explicó Orozco.

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Recién 15 años después del brote de SARS -que ocurrió entre 2002 y 2003 en países de Asia- se pudo establecer fehacientemente el origen de la infección «y lo que se determinó es que colonias mixtas de murciélagos alojaban diferentes coronavirus que se recombinaron y dieron origen al coronavirus que desencadenó el brote».

«O sea que, hoy por hoy, para COVID-19 todavía nos falta mucho por investigar, sin embargo tenemos datos que hablan de que el origen es animal, sin dudas y tiene que ver precisamente con este contacto entre animales y personas», consideró la especialista.

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Los murciélagos y los virus

«Los murciélagos son excelentes reservorios de virus. Han coevolucionado con muchos virus y eso les ha permitido mantenerlos en su organismo sin enfermar. Muchas especies de murciélagos portan diferentes coronavirus, pero no son exactamente los que terminan enfermando a las personas, sino que ocurre una recombinación de distintos coronavirus», indicó Orozco.

«Lo que está sucediendo es que los murciélagos -y otros animales- que antes vivían en ambientes naturales, en equilibrio, ahora son intervenidos por los seres humanos y ocurre este desequilibrio que termina exponiéndonos a nosotros», puntualizó.

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«Los saltos están íntimamente relacionados con el contacto estrecho entre las personas y distintas especies de fauna. Este contacto puede darse en un mercado, como se supone que pasó con COVID-19 y como se supone que sucedió para SARS. En ese caso, virus de murciélagos recombinados pasaron a un hospedador intermedio y ese hospedador intermedio estaba en los mercados. Entonces, el virus saltó a las personas», detalló.

«Lo que es interesante es pensar por qué se llega a esto. O sea, ¿qué termina exponiendo a las personas a virus que antes estaban en ambientes silvestres? Y eso está íntimamente relacionado con la degradación ambiental. Las personas estamos invadiendo los espacios naturales y sobreexplotando los recursos», sostuvo la investigadora.

Saltos de patógenos entre especies

«Los spillover son fenómenos que ocurren habitualmente en la naturaleza. No es que todos van a provocar una pandemia, por suerte», señaló Orozco.

«En nuestro grupo de investigación estudiamos enfermedades en ciervos de los pantanos. Es una especie nativa de Argentina que está en peligro de extinción. Uno puede pensar ¿qué riesgo puede haber en los ciervos de los pantanos, que son pocos y viven en un lugar restringido? Bueno, lo que encontramos es que portan determinados patógenos que son transmitidos por garrapatas. Las garrapatas pueden morder a los ciervos y después a nosotros, son los vectores. Pasa con los ciervos, con los carpinchos y con otros mamíferos», contó.

«Las enfermedades zoonóticas no son algo nuevo. Esto sucede habitualmente, pero el punto es en qué momento uno se expone«.

Mantener el equilibrio

«Tenemos que tomar conciencia de que somos parte de los ecosistemas naturales y que tenemos un rol muy importante que cumplir: precisamente mantener ese equilibrio. Por supuesto, hacemos uso de los recursos naturales, pero necesitamos entender de qué forma hacer uso de esos recursos sin destruirlos y sin exponernos tan fuertemente a los patógenos», enfatizó Orozco.

Y por otro lado, «el tráfico de fauna es un tema gravísimo que requiere ser abordado a nivel mundial. Más allá de que va en detrimento de muchas especies, también está yendo en detrimento de nuestra salud».


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