El paso del cometa ATLAS -C/2019 Y4- por nuestro sistema solar, uno de los más brillantes que se verían en 2020, prometía ser un espectáculo astronómico único. A finales de mayo, cuando debía alcanzar su punto más cercano a la Tierra, iba a poder contemplarse a simple vista. Sin embargo, unas semanas antes comenzó a desintegrarse en varias piezas.

Rápidamente, un grupo de científicos decidió aprovechar la nueva situación y desviar levemente la trayectoria de una sonda que ya está en el espacio, para interceptar las dos colas que está dejando el cometa: una de gas ionizado y otra de polvo.

De este modo, se podrían analizar los restos antes de que desaparezcan y recabar información valiosa sobre lo que ocurrió en la formación del Sistema Solar, hace unos 4.600 millones de años.

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Este tipo de cometas suelen brillar con gran intensidad en el firmamento, pero al acercarse al Sol sus irradiaciones suelen ser breves porque corre riesgo de fragmentarse. En abril de 2020, algunos científicos habían anticipado la posible desintegración del ATLAS y finalmente sucedió.

Según reportó la NASA, el telescopio espacial Hubble identificó «cerca de 30 fragmentos el 23 de abril».

Una misión inédita

Pero tras conocerse la fragmentación del cometa, un grupo de científicos de la University College London detectó una coincidencia alentadora: estimaron que la sonda Solar Orbiter pasaría detrás del cometa a una distancia de unos 30 millones de kilómetros.

Bastaría con inclinar la trayectoria de esta sonda de la Agencia Espacial Europea -ESA, por sus siglas en inglés- para ir al encuentro de los restos del ATLAS.

Solar Orbiter, una sonda para estudiar el Sol

La Solar Orbiter fue diseñada para estudiar el Sol, pero los instrumentos que posee también le permiten desviar transitoriamente su atención para estudiar el cometa y aprovechar «una oportunidad de observación sin precedentes».

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«Si los instrumentos de Solar Orbiter detectan material del cometa ATLAS, será el primer cruce fortuito de la cola del cometa por una nave espacial activa que lleve la instrumentación adecuada para la detección de material cometario», detallaron Geraint Jones, Qasim Afghan y Oliver Price.

“Predecimos que la nave espacial puede encontrar la cola de iones del cometa alrededor del 31 de mayo de 2020 al 1 de junio, y que la cola de polvo del cometa puede cruzarse el 6 de junio de 2020. Esbozamos las características del viento solar y las colisiones de granos de polvo que los instrumentos de la nave espacial pueden detectar al cruzar las dos colas del cometa”, comentó el trío de científicos.

Durante los primeros días de junio, podría atravesar el plano orbital del cometa y ahí es donde está la cola de polvo, que comprende pequeños y sólidos trozos de roca que han sido desalojados del cometa y siguen su órbita.

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Uno de los inconvenientes es que la Solar Orbiter se encuentra en una fase de puesta en servicio, probando sus diferentes instrumentos mientras viaja hacia el Sol, y no se espera que se complete hasta el 15 de junio, demasiado tarde para la cita.

Sin embargo, existe la posibilidad de que algunos estén listos antes de lo previsto, informaron desde la ESA: el magnetómetro, el instrumento de ondas de radio y los detectores de partículas energéticas. Un cuarto instrumento, diseñado para estudiar el viento solar, también podría probarse completamente a tiempo.


 

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