A lo largo de nuestra vida ocurre un proceso llamado neurogénesis o nacimiento de neuronas nuevas en el hipocampo, región del cerebro esencial tanto para el aprendizaje como para la formación de diversos tipos de memoria. Científicos argentinos de la Fundación Instituto Leloir -FIL- y del CONICET investigaron cómo influyen las experiencias en ese proceso.

En un nuevo estudio realizado en animales de laboratorio, los especialistas comprobaron que determinadas experiencias -estímulos cognitivos y sensoriales: ruedas para hacer ejercicio físico, juguetes y túneles para explorar y estimular procesos de aprendizaje- contribuyen a acelerar la maduración de las neuronas nuevas, lo que podría tener implicancias preventivas y terapéuticas para enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

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“Para cumplir su función, las neuronas que se ‘fabrican’ en el hipocampo deben atravesar diferentes etapas de maduración con dos objetivos: por un lado, migrar y ‘enchufarse’ al circuito del cerebro; y, en forma paralela, procesar y transmitir información de manera apropiada”, explicó Alejandro Schinder, líder del avance, jefe de laboratorio en la FIL y también investigador superior del CONICET.

A diferencia de las neuronas maduras, las neuronas nuevas tienen una excesiva facilidad para activarse, que debe ser reducida para que puedan procesar y transmitir información en forma adecuada. De esa tarea se encargan las “interneuronas inhibitorias”, otro tipo de neuronas que liberan el neurotransmisor GABA.

Schinder y dos integrantes de su laboratorio, Ayelén Groisman y Sung Min Yang, determinaron que en condiciones normales el desarrollo de las conexiones entre las neuronas nuevas y las interneuronas es muy lento, tarda entre 6 y 8 semanas.

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“Pero si los ratones son expuestos a un ambiente enriquecido con estímulos sensoriales, el desarrollo de esas conexiones se acelera notablemente y, a las 4 semanas, las neuronas nuevas alcanzan características de una neurona madura”, detalló Groisman, becaria postdoctoral del CONICET.

A la luz de los resultados del trabajo publicado en la revista científica Cell Reports, Schinder señaló: “Nuestros estudios nos enseñan continuamente que los desafíos cognitivos tienen un enorme poder para modificar los circuitos cerebrales«.

En ese sentido, los resultados son prometedores, pero «queda aún mucho por desentrañar para comprender la medida en que estos estímulos podrían actuar de manera preventiva paliando los efectos del envejecimiento o de enfermedades neurodegenerativas”, aseveró.

Los estímulos aceleran la conexión de las neuronas nuevas (color verde), que participan en la memoria y el aprendizaje, con interneuronas (color rojo) encargadas de controlar la actividad de esa región del cerebro.

 

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