Por Francisco Bolzán

Alrededor de 6,4 millones de argentinos no acceden a redes de distribución de agua potable y, por lo tanto, consumen agua de cursos subterráneos -de pozo- o superficiales, que pueden contener arsénico en concentraciones variables. Para solucionar este problema, un grupo de investigadores desarrolló un filtro a partir de cañas bambú.

En diálogo con RECONECTAR, la doctora Andrea Susana Vega, profesora Asociada de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires -FAUBA- e investigadora Independiente de CONICET, y la licenciada Jacinta Alchouron, becaria doctoral UBA y ayudante de Primera FAUBA, contaron detalles del desarrollo.

El proceso de saneamiento

La iniciativa, denominada Guaduar, «se basa en un biocarbón, material adsorbente impregnado con nanopartículas de hierro, sintetizado a partir de cañas de descarte de un bambú leñoso nativo de la Argentina«, indicaron.

«Dichas cañas son desechadas por los productores, ya que presentan características que no permiten su aprovechamiento comercial». A esos restos se los transforma en biocarbón y se los coloca dentro de un dispositivo, con un filtro similar a un saquito de té.

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«El agua contaminada se vierte sobre el dispositivo y se recoge libre de arsénico, lista para beber y/o cocinar», detallaron las investigadoras.

Propuesta bioeconómica

«El biocarbón Guaduar constituye un desarrollo bioeconómico impulsado por tres directrices: el desarrollo sostenible y la mejora de la salud y el bienestar humano; la valoración y protección de los recursos biológicos nativos, incluidos los residuos, orientados al saneamiento del agua y los alimentos», y en tercer lugar «los avances científicos logrados por nuestro grupo de investigación en bambúes, expandiendo las posibilidades de innovación».

Si bien existen otras opciones para descontaminar las aguas con arsénico a nivel domiciliario, el beneficio de Guaduar es que «provee agua libre de arsénico haciendo uso del agua del lugar, sin requerimientos de instalaciones y a un bajísimo costo de inversión -la adquisición de filtros Guaduar-«, destacaron las especialistas.

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Los mecanismos que ofrecen diversas empresas «proponen la adaptación de un grifo que permita el desvío del agua para consumo hacia un dispositivo conectado sobre o bajo la mesada, el cual provee agua segura de arsénico a través de un grifo adicional. Entre las tecnologías implementadas para remover arsénico a nivel domiciliario, se ofrecen: dispositivos de ósmosis inversa de baja escala; resinas de intercambio iónico; materiales adsorbentes; o la combinación de estos dos últimos. El empleo de estas tecnologías requiere altos costos de inversión y de mantenimiento».

Además, Guaduar tiene mayor rendimiento: «tan solo un gramo de biocarbón Guaduar es suficiente para sanear un litro de agua contaminada. En comparación, un litro de agua por ósmosis inversa, es cuatro veces más costosa que la tratada con Guaduar», señalaron las científicas de la FAUBA.

La contaminación con arsénico en Argentina

El arsénico es un elemento naturalmente presente en el aire, el suelo y el agua. «El consumo prolongado -entre 5 y 15 años- de aguas contaminadas con arsénico está asociado con el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico -HACRE-, enfermedad que se manifiesta a través de efectos carcinogénicos, mutagénicos y teratogénicos en la salud humana«, explicaron.

«En Argentina, la presencia de arsénico en agua en concentraciones tóxicas es una problemática extendida en no menos de 18 provincias«. En 2019 se publicó un mapa con niveles actualizados de arsénico que se registran en el país. Las áreas marcadas con círculos naranjas y rojos son las que registran niveles elevados, mayores a 50 µg/L.

Litter, M. I., A. M. Ingallinella, V. Olmos, M. Savio, G. Difeo, L. Botto, E. M. Farfan Torres,S. Taylor, S. Frangie, J. Herkovits, I. Schalamuk, M. J. Gonzalez, E. Berardozzi, F. S. Garcia Einschlag, P. Bhattacharya & A. Ahmad. 2019. Arsenic in Argentina: Occurrence, human health, legislation and determination. Sci. Total Environ. 676: 756-766.

«Como primer paso, nuestro propósito es que Guaduar pueda ser distribuido a las poblaciones dispersas, que no alcanzan los 2.000 usuarios, sin acceso al agua de red. De esta manera, podrían tratar de una forma muy sencilla y económica el agua del lugar donde viven y convertirla en segura para su bebida y consumo en la preparación de los alimentos», sostuvieron.

El proyecto Guaduar nació en la Cátedra de Botánica General de la Facultad de Agronomía de la UBA. Es llevado adelante por un equipo de profesionales con un enfoque interdisciplinario: la licenciada en Ciencias Ambientales Jacinta Alchouron, el doctor Hugo D. Chludil, el diseñador Industrial Gianpiero Bosi, el ingeniero Agrónomo Juan C. Lagler, el diseñador Gráfico Daniel Tomasello, y las estudiantes en Ciencias Ambientales María B. Fernández, Julieta Milone y Giuliana Iacobucci, bajo la dirección de la doctora Andrea S. Vega.

El equipo detrás de Guaduar

«Hasta el presente, contamos con una tecnología validada en resultados de investigaciones científicas, un prototipo experimental a escala de laboratorio, un equipo interdisciplinario consolidado y el análisis en curso de un plan de negocios, así como el apoyo de IncUBAagro y UBA-Emprende», concluyeron Vega y Alchouron.

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