Por Francisco Bolzán

El otoño de 2020 tuvo temperaturas más elevadas de lo habitual en Argentina y quedó 4° en el ranking de los otoños más cálidos del país, detrás de 2015, 2009 y 2018, según datos del Servicio Meteorológico Nacional -SMN-.

Además, el mes de mayo de 2020 fue el segundo más cálido, detrás de mayo de 2016, en los registros globales de temperatura, de acuerdo a la Organización Meteorológica Mundial -OMM-.

Desde 1961 -que es cuando comenzaron a tomarse registros confiables y bajo normas de calidad- la temperatura promedio de otoño en nuestro país aumentó 0,5 °C y durante los últimos 15 años existe una tendencia de otoños cálidos.

Para conocer los motivos de esta tendencia y cómo se relaciona con el calentamiento global, en RECONECTAR dialogamos con la comunicadora meteorológica Cindy Fernández, integrante de Meteored, y el meteorológo Alejandro Gómez.

Estadísticas de un otoño cálido

Para empezar hay que señalar que si bien astronómicamente el otoño se extiende desde el 21 de marzo hasta el 21 de junio en el hemisferio sur, en meteorología las estaciones se contemplan como tres meses completos y, por lo tanto, el otoño inicia el 1 de marzo y termina el 31 de mayo.

Este trimestre fue más cálido de lo habitual en todas las provincias del país. En particular, Neuquén, Tierra del Fuego y Santa Cruz superaron sus récords previos, mientras que en el resto del país el calor tuvo algo menos de intensidad.

Los números indican en qué puesto de su ránking de los otoños más cálidos se ubicó cada provincia. Imagen: SMN.

Por otro lado, hubo escasas precipitaciones durante estos tres meses y el otoño 2020 quedó en el noveno puesto de los más secos. El otoño no suele ser una estación lluviosa, pero en esta oportunidad fue más seco de lo normal. La falta de precipitaciones viene desde mediados de 2019.

A qué se debe

«Gran parte de esta situación se dio por la presencia de un centro de alta presión en el noreste argentino, sur de Brasil y norte de Uruguay, que genera cielo despejado, poca nubosidad y falta de lluvias», detalló Cindy Fernández.

«Predominaron los vientos del norte de manera casi continua y eso favoreció también al ascenso de temperaturas», mientras que «las masas de aire frío, que generan lluvias, quedaron reducidas a sectores antárticos y no ingresaron a la Argentina», agregó.

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Se espera que para la primera parte del invierno este centro de alta presión continúe afectando a la región, por lo que «vamos a tener condiciones más cálidas de lo normal para los meses de invierno«.

¿Cómo influye el cambio climático?

«Que este año tengamos más calor o menos lluvias no necesariamente está influenciado por el cambio climático. Para ver si se relaciona o no con el cambio climático hay que ver la tendencia a largo plazo«, explicó Fernández.

Es decir que para hablar de los efectos de la crisis climática es necesario comparar y poner en contexto los datos: «La tendencia de que en los últimos 15 años venimos enfrentando otoños más cálidos sí puede ser consecuencia del calentamiento global», al igual que «el aumento de 0,5 °C sobre el promedio».

Como efecto del cambio climático también se puede apreciar que «están aumentando, por ejemplo, las lluvias extremas. El cambio climático está generando que los eventos extremos sean cada vez más extremos. Así como antes una lluvia dejaba 80 milímetros en 6 horas, ahora quizás una lluvia deja 150 milímetros en 6 horas», señaló Fernández.

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«Lo mismo ocurre con las sequías, que suelen ser mucho más extremas que antes. Antes había una sequía severa cada cinco años y ahora se han vuelto mucho más recurrentes. Todos los extremos se han vuelto más recurrentes y eso sí está relacionado con el cambio climático, y no ocurre solo en Argentina, sino en todo el mundo», enfatizó la especialista.

El efecto de 0,5 °C más cálido

El SMN advierte una variación de 0,5 °C por sobre el promedio de temperaturas en los otoños de Argentina. Si bien puede parecer un número insignificante, resulta «muy significativo, es un montón cuando hablamos del promedio«.

«En muchos sectores de Argentina, sobre todo en la zona centro y parte del norte-noreste, otoño e invierno son las estaciones con menor cantidad de lluvias, estadísticamente. Pero si además aumenta la temperatura y hace más calor, significa que se evapora más humedad del suelo. Y esto, combinado, podría generar mayor estrés hídrico a los cultivos de invierno, que van a necesitar más agua», explicó Fernández.

«Si bien en verano hace más calor, la evaporación de la humedad del suelo se compensa con las precipitaciones, ya que es una estación lluviosa», añadió.

El desequilibrio del clima

«Nuestro planeta cumple ciclos cada 18 mil años y el Sol, que influye en la Tierra, también tiene sus ciclos. Pero aún considerando estas variables, en la etapa actual en la que se encuentra el planeta, según los científicos, no deberíamos estar fuera de un equilibrio térmico ni esperar un aumento de temperaturas a nivel global», señaló, por su parte, Alejandro Gómez.

«Los especialistas coinciden en señalar que la responsable de esta situación es la emisión de gases de efecto invernadero, que son los que generan el calentamiento global», consideró el meteorólogo. Por eso es importante reducir cuanto antes la emisión de estos gases contaminantes: «Aunque paráramos hoy toda la contaminación, el planeta no podría depurarse ni digerir todo lo que ya se ha contaminado«.

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«Por eso se han hecho tantas cumbres a nivel mundial tratando de hacer acuerdos internacionales para la reducción de la emisión de los gases y algunos países plantean reducir drásticamente las emisiones» mientras que otros gobiernos hacen oídos sordos a estas advertencias, concluyó Gómez.