Desde el sábado 25 y hasta el viernes 31 de julio, se lleva a cabo en Argentina la segunda edición de la “Semana de la no dulzura”, una campaña de bien público que emerge de la sociedad civil con el propósito de generar conciencia sobre la importancia de moderar el consumo de azúcar y promover una mejor educación alimenticia.

Según estudios recientes, en Argentina se consumen 114 gramos de azúcar diarios por habitante, cuatro veces la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud -OMS-, que se determina entre 25 y 50 gramos.

Este exceso contribuye al aumento de la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la diabetes, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y enfermedades cerebrovasculares, que son la primera causa de muerte en el país.

El aislamiento social preventivo y obligatorio, según especialistas del CONICET, agrava aún más el problema, de la mano del sedentarismo, el hambre emocional y el desorden alimenticio. Por eso, esta edición de la “Semana de la no dulzura” llega para alertar sobre esta otra pandemia: la obesidad y en particular la obesidad infantil.

Los orígenes

Esta iniciativa comenzó a celebrarse en 2019 durante la última semana de julio. Surgió como un contrapeso de la famosa semana de la dulzura, que desde 1989 promueve el consumo de golosinas y productos azucarados.

Pasaron 30 años hasta que, con el impulso de numerosas empresas de alimentos, dietéticas, nutricionistas y personas comprometidas con esta causa, surgió esta otra semana que promueve todo lo contrario: el consumo de alimentos mínimamente procesados y moderados en azúcar en dietéticas, almacenes orgánicos o naturistas, verdulerías y supermercados.

La propuesta de la Semana de la no dulzura

“Esta iniciativa reúne a todos los ciudadanos que exigen vivir en un entorno más saludable y se preocupan por mejorar la alimentación. Somos diferentes hombres y mujeres y organizaciones participantes y cada uno difunde los mensajes que cree prioritarios con ese único fin”, afirman desde la organización de la Semana de la no dulzura y adelantan “este año contamos con una página web oficial, donde pueden encontrarse contenidos de valor y consejos para grandes y chicos”.

En el marco de la Semana de la no dulzura, Narda Lepes, cocinera y embajadora de la cocina saludable, recomendó: “Tenemos que bajar nuestro consumo de azúcar, la que vemos y la que no vemos. Y sobre todo los niños no deberían consumir jarabe de maíz de alta fructosa, que es el peor tipo de azúcar. No digo dejar, no es “nunca nada”, pero bajar la cantidad, todos”.

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Nito Anello, cofundador de Zafrán – recetas honestas-, puso el acento en el problema de la obesidad infantil: “Somos muchísimos los padres y madres que queremos que nuestros hijos e hijas crezcan con otros hábitos. No queremos que en los colegios las meriendas o los desayunos saludables sean la excepción, ni que los pediatras premien a los chicos con caramelos, ni que estén expuestos a miles de publicidades de ultraprocesados. Por eso apoyamos esta semana”.

Según Luciana Padduano, licenciada en Nutrición -M.N 2.731-, miembro de la Comisión Directiva de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas, “la accesibilidad y el precio del azúcar llevaron a la industria a construir sobre sus cimientos innumerables comestibles. Después de los 6 meses, ayudados por la fácil digestión y la desmesura de su sabor dulce, estos productos azucarados comienzan a construir un patrón alimentario que desemboca en sobrepeso y obesidad infantil. En Argentina el exceso de peso entre los menores de 2 años es del 25,2% y la de niños y niñas de entre 2 y 5 años es del 29,4%”.

Mayor sedentarismo por la cuarentena

¿Qué cambia este año en la semana de la no dulzura con la cuarentena en cuanto a la alimentación de los adultos y de los chicos? Para la licenciada en Nutrición Romina Lucarelli -M.N. 8.525-, “ante el confinamiento nos encontramos invirtiendo más tiempo en la cocina, haciendo preparaciones caseras. De a poco, sobre todo este último tiempo, se tomó más conciencia al momento de hacer las elecciones. Preferimos más alimentos y menos productos. Estas elecciones además de ser beneficiosas para la salud influyen de forma positiva en la economía familiar. Hacemos partícipes a los chicos en la cocina y nos animamos a preparar golosinas saludables”.

¿Con el aislamiento aumentaron las consultas online a los nutricionistas? ¿Qué es lo que más consultan los pacientes tanto adultos y chicos? Según la nutricionista Debora Gaynor -M.N. 6.824- “sí, aumentaron y uno de los motivos es por el aumento de peso. Si bien es un tipo de consulta frecuente en nuestra práctica diaria ya que 6 de cada 10 argentinos tienen exceso de peso según las encuestas nacionales de factores de riesgo de 2018 y el exceso de peso y la obesidad es multicausal, tiene que ver con muchos factores incluyendo pérdida de sueño, estrés; uno de los motivos por los que consultan estos últimos meses tiene que ver con la disminución del gasto energético relacionado con la disminución de la actividad física no estructurada, la del movimiento de la rutina diaria que vivíamos antes de la pandemia; ir a la parada del colectivo, hacer los mandados caminando, y a la vez ciertas emociones como ansiedad, incertidumbre, estrés, angustia y demás hacen que algunas personas enfrenten esto con comida”.

De acuerdo a la licenciada en Nutrición Sol Mac Mullen -M.N. 7.440-, “lo primero que debemos cambiar es la educación, que sepamos que estamos consumiendo para poder elegir mejor y así impulsar hábitos de consumo de productos naturales y no procesados. Sin duda el Estado lo que tendría que tener es una política de rótulos más claros para que cualquier persona pueda leerlos, interpretarlos y poder decidir sobre qué consumir con más información. Muchas veces son confusos y las personas no terminan de entender qué están consumiendo. Desde el lado de cada uno, tener una mejor organización y volver más a los productos más naturales, a cocinarse y tratar de evitar los ultraprocesados, o si los consumimos, saber bien qué estamos consumiendo”.

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Por su parte, para Lucarelli, “el Estado cumple un rol fundamental, sobre todo en la regulación. Hace mucho tiempo estamos solicitando una ley de etiquetado. Hasta el momento el consumidor no cuenta con información clara acerca de lo que consume, en cuanto a contenido sobre todo de azúcares y grasas de mala calidad. Las marcas deberían dar un mensaje claro sobre sus productos”.

Mientras que para la nutricionista Carolina Caligiuri -M.N. 4.797-, “3 cosas simples para comenzar a cambiar hábitos son: como primer medida informarse y asesorarse con profesional idóneo, reducir el consumo de bebidas azucaradas y finalmente aprender a leer los rótulos de los alimentos. En el país entre el total de alimentos y bebidas consumidos por los argentinos el 26,9% del azúcar lo aportaron las gaseosas y el 23,8% las infusiones. El tercer lugar, con 15,4%, provino de los panificados -pan, galletitas, facturas- y el cuarto, con 12%, de jugos listos para preparar, por delante de los dulces y golosinas y lácteos. En cuanto a las bebidas azucaradas, Argentina es el 3° país con más consumo en el mundo; lo superan México y Chile”.

¿Qué rol tienen hoy las redes sociales para este trabajo de cambio de hábitos? Para Lucarelli, es “súper importante que todos tengamos acceso a más información y podamos encontrarnos con profesionales comprometidos realmente con cambiar nuestra forma de alimentarnos. Si bien considero que en este último tiempo las redes son de utilidad, hay demasiada información, y no siempre es correcta y esto puede confundir al consumidor. Por eso es importante siempre consultar con un profesional y entender que cada caso es particular”.

De acuerdo a Caligiuri, “su rol es fundamental, ya que da información fidedigna por parte de los profesionales de la salud, principalmente nutricionistas, inculcando una alimentación balanceada y saludable”, publicó Infobae.