En 2015, en el marco de la Organización de las Naciones Unidas, se acordaron 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS- de cara al año 2030. Estas metas buscan acabar con la pobreza en el mundo, luchar contra la desigualdad y la injusticia, y reparar el cambio climático.

Un grupo de expertos dialogó con Revista DEF sobre el panorama actual y los cambios necesarios que se requieren para que las generaciones actuales y futuras puedan habitar un mundo mejor más allá de la década de acción.

Alimentación y educación, la base para el cambio

“Si empezamos a cambiar comportamientos sociales ahora, es posible que nos acerquemos a los objetivos de la ONU”, sostuvo Axel Hinsch, presidente de la Fundación Irradia. Para el especialista, Argentina tiene muchos ejemplos virtuosos y comunidades activas y conscientes de sus capacidades, con instituciones tradicionales, con fuerzas vivas conectadas y con espacios de encuentro y de trabajo.

En relación con las temáticas sobre las que trabaja esta fundación -alimentación, medioambiente, educación e innovación social-, Hinsch explicó que todas, bien encaradas, pueden irradiar sobre los ODS. Aunque, en ese sentido, detalló que promover la alimentación inicial balanceada y evitar la desnutrición infantil “es el primer paso para evitar daños irreversibles en el desarrollo posterior de las personas y su entorno”.

Luego, indicó que es importante trabajar con la educación como herramienta transformadora que permitiría la movilidad social. “Es necesario volver a tener un sistema educativo público moderno, en contenidos y formatos de estudio para este nuevo siglo, que prepare a los alumnos de los sectores más marginados para que puedan expresar todo su potencial, y que sea eficiente en cuanto al costo por alumno y tenga profesores bien pagos y capacitados. Ese es el mayor desafío para nuestro país y el que mayor impacto tendría en los próximos 20 a 30 años”, manifestó.

Para la periodista y escritora Soledad Barruti, también es vital cuidar la alimentación: “Se pueden producir muchísimos alimentos, pero sin dinero para comprarlos, no existe el acceso”. Barruti agrega que es importante prestar atención a los ingredientes de aquello que se consume y advierte que “tenemos que pensar que este sistema alimentario está destruyendo la naturaleza, y la única garantía de bienestar que podemos tener es el ambiente sano”.

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“Si pudiéramos comer alimentos locales, basados en plantas y en alimentos reales de estación, podríamos comer mejor y más barato. Luego están las distintas posibilidades. La verdad es que, en este contexto de pobreza, hay muchas personas que necesitan ayuda alimentaria o que buscan el menor precio. Los bienes comestibles baratos están sostenidos por mayor explotación, externalización de los costos y depreciación del producto”, reflexiona.

Para la escritora especializada en temas de nutrición, el futuro será esperanzador en la medida en que dejemos de lado el agronegocio y recuperemos el valor de la agricultura: “Salgamos de la idea de los alimentos como mercancías y pasemos a la idea de los alimentos como derecho humano”.

Acción por el clima

La Fundación Criteria lleva tiempo trabajando en estas metas. El año pasado,junto a la Universidad del CEMA, realizó la Diplomatura en Seguridad Humana para el Desarrollo Sostenible y logró que un grupo de emprendedores y profesionales creara el Círculo de Líderes para el Desarrollo Sostenible con el objetivo de continuar trabajando y analizando, desde sus ámbitos, el modo en que impacta y avanza el fenómeno del cambio climático

Este año, la fundación llevó adelante una serie de webinars en los que reunió a diversos expertos que se refirieron a la necesidad cuidar nuestra casa común: el planeta Tierra.

Hace 50 años, el mundo era más limpio. No se hablaba de seguridad humana y, menos aún, de sustentabilidad y de desarrollo sostenible. Hoy encontramos que, al tope de las agendas, están el tema ambiental y el cambio climático. La presencia sorpresiva y disruptiva del COVID-19 nos ha cambiado la mirada a todos. Tenemos que hacer un esfuerzo por pensar que, Dios mediante, saldremos de este trance, pero el gran problema del medioambiente subsistirá”, expresó, en una de las oportunidades, el director ejecutivo de la Fundación Criteria, Mauricio Fernández Funes.

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En otro de los encuentros, el investigador y doctor en Ciencias Físicas, Pablo Canziani, concluyó que la humanidad es víctima y victimario simultáneamente. “Lamento decir que, si no cambiamos las cosas, la pandemia sería una muestra de lo que puede pasar en un futuro frente a la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y la deforestación”, expresó. Para el experto, no puede haber economía sana que no conozca cómo funcionan los sistemas naturales y sociales de manera idónea para minimizar los impactos en las personas y en el ambiente, y para generar un modelo de producción de bienes y servicios que sea sustentable en el tiempo.

En otro de los webinars, el licenciado José Antonio David, director de Pulso Sostenible, alertaba: “La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera nunca había alcanzado las 300 partes por millón. A partir de 1950, superó las 400. Por la quema de combustibles fósiles, logramos incrementar esa concentración natural”.

Ecosistemas y biodiversidad

“A nivel planetario, estamos extinguiendo especies y cambiando el clima. Si no nos salvamos todos, no se salva nadie. Esto se trata a nivel de convenciones internacionales y cada país se esfuerza por cumplir los objetivos”, describe Sofía Heinonen, presidente de la Fundación Rewilding Argentina, organización que, compra tierras privadas y tras un trabajo de restauración de los ecosistemas las dona al Estado nacional o provincial para crear Parques Naturales.

Heinonen subraya que, en lo que respecta a los objetivos en biodiversidad que se acordaron en 2010, se había planteado como meta alcanzar el 10 por ciento de áreas protegidas para el mar y el 17 por ciento en tierra: “Argentina está lejos de eso. En el mar, se hizo un esfuerzo grande y hoy estamos en 9,3 por ciento. En tierra, estamos, con toda la fuerza, llegando más o menos al 11 por ciento”.

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La presidente de Rewilding insiste en que todos los ciudadanos deben aportar su grano de arena para alcanzar las diferentes metas y comprender que el Estado es tan solo un intermediario. A su vez, la especialista destaca el rol de las comunidades rurales a la hora de cuidar el ecosistema: “Argentina es un país urbano, el 92 por ciento de la población vive en ciudades. Es un dato para tener en cuenta, porque es difícil que alguien que vive en una ciudad sea consciente de cómo se degrada el ecosistema”.

Para la especialista, las comunidades rurales habitan en lugares de mayor riqueza, pero tienen un montón de necesidades básicas insatisfechas: “Nosotros pretendemos poner en valor esa riqueza natural y cultural a través del turismo. Porque cuando alguien valora algo, lo cuida”.

¿Cuál es el diagnóstico de nuestro ecosistema? “Hay algo que nos motiva, si las especies no llegan al nivel de extinción –que es para siempre–, sabemos que estamos a tiempo de restaurar los ecosistemas. Hay mucho por hacer. Esta es la década de la restauración”, concluye Heinonen.

Actuar local, pensar global

Los expertos coinciden en que, como habitantes de este planeta, es necesario que cada ciudadano se sume al cambio. Magalí Klix es una abogada que decidió dejar su trabajo corporativo para emprender este camino. Decidió crear Somos Humus, una marca que busca fomentar la sustentabilidad en el negocio de la moda.

Cuando con su socia decidieron dar el primer paso, buscaron talleres que cuidaran a sus trabajadores, así como también materiales nobles para confeccionar las prendas. “Arrancamos con el lino porque es una tela que no desprende microplásticos. Porque todas esas mini partículas, al final, llegan al mar y nos terminamos comiendo y tomando esa contaminación”, detalla.

A la hora de hablar de producción y consumo responsables, Klix explica que las fibras naturales, por ejemplo, llevan más tiempo y trabajo, lo que hace que sean más costosas. Sin embargo, son cada vez más las iniciativas sostenibles en el mundo de la moda.

“Como empresario, tenés que darte cuenta de que no vas a ganar como otra marca de ropa, por muchos motivos, pero, primero, porque vas a estar pagando bien la cadena de valor. Somos Humus es mucho más que ropa, es un proyecto que tiene que ver con la inclusión y con la conciencia social”, reflexiona antes de subrayar la necesidad de incrementar el impulso para iniciar esta década de acción.

Por su parte, el arquitecto Guillermo Durán decidió trabajar bajo el concepto de sostenibilidad cuando entendió que el ambiente es “nuestro hogar en común”. “En el mundo, se utiliza casi el 50 por ciento de la energía para la construcción, el mantenimiento y la climatización de edificios. Es muy grande el impacto de esta industria en el planeta. Tal vez sea el primer cambio que, como humanidad, tenemos que enfrentar. Los recursos no son infinitos y estamos viviendo como si lo fueran”, detalla el director y fundador de Habitar Sustentable.

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De acuerdo con Durán, las propuestas de sustentabilidad que más funcionan en la arquitectura están vinculadas con la eficiencia –reducir los consumos de energía, agua y residuos– más que con encontrar alternativas para producir energía limpia y reciclar agua o los mismos residuos.

Para él, en relación con el objetivo que promueve que las ciudades sean sustentables, es fundamental tener en cuenta que estas crecen porque aumenta la población y porque cada vez hay más personas que eligen vivir en las grandes urbes. Por eso, es vital comprender la importancia de descentralizar los servicios urbanos y repensar el transporte público.

“Como en todas las decisiones de gran escala, además de un ‘qué’ hay que plantear el ‘cómo’. Las condiciones están dadas para que veamos a las ciudades de forma amigable en nuestro desarrollo hacia sociedades más sustentables”, reflexiona.

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Para el especialista, Argentina registró grandes avances en materia de arquitectura sostenible, y sostiene que, en línea con los ODS, son los actores quienes promueven la unión y el mejoramiento de los indicadores: “Vivimos una época en la que se desarrolla la mayor cantidad de cambios en el menor período de tiempo. Estas transformaciones se dan en un planeta en el que aumenta la población, la desigualdad, la contaminación, los gases de efecto invernadero y la necesidad de producir alimentos. Es un planeta finito y con los mismos recursos. La solidaridad, la mejora continua, la concientización y el optimismo de las sociedades serán las claves para enfrentar este desafío y permitir que las futuras generaciones tengan una mejor vida”.