Por Francisco Bolzán - Foto: Joaquín Gauna/PHM

Debido a los incesantes incendios forestales y de pastizales en islas del Delta del río Paraná y en otras áreas, el cielo se volvió de color gris, el olor a humo comenzó a sentirse e incluso las cenizas y otras partículas viajaron largos kilómetros en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.

Podemos notar que el aire está contaminado, pero ¿qué estamos respirando? A nivel meteorológico es posible medir el índice de calidad del aire y los datos no indican nada bueno.

Humo en las ciudades

Los incendios forestales provocan numerosos inconvenientes en los ecosistemas. Claro que no es un problema nuevo pero, lamentablemente, recién se vuelve ampliamente visible cuando el humo llega a las ciudades y afecta a un mayor número de personas.

La ciudad santafesina de Rosario sufre esta situación casi sin respiro desde hace meses, debido al fuego en la zona del Delta, que ya consumió más de 90 mil hectáreas de vegetación nativa. Lo mismo sucede en ciudades cercanas a las islas.

En los últimos días, los incendios a la altura de la ciudad de Santa Fe y Paraná, generaron gran presencia de humo en ambas ciudades. Este miércoles, los vientos llevaron el humo a la Ciudad de Buenos Aires, aunque sin afectar demasiado la calidad del aire.

Calidad del aire

El índice de calidad del aire se ubica en valores no saludables este jueves en Paraná, Santa Fe y Victoria, según informa The Weather Channel. En Rosario es calificado como no saludable para grupos de riesgo.

Puntualmente, el principal contaminante son las partículas en suspensión menores a 2,5 micrones -PM2.5-.

En Paraná se detecta una concentración de 33 μg/m3 -microgramos por metro cúbico-; en Santa Fe, 51 μg/m3; en Victoria, 18 μg/m3; y en Rosario 37 μg/m3.

La Organización Mundial de la Salud establece como parámetro ideal un máximo de 10 µg/m3 de partículas PM2.5.

Para determinar la calidad del aire se contabilizan esas partículas, junto a partículas de hasta 10 micrones -PM10-, la presencia de dióxido de nitrógeno, ozono, dióxido de azufre y monóxido de carbono.

«Tanto las partículas PM2.5 como las PM10, seguramente están muy relacionadas con la existencia de humo en nuestra zona, obviamente a partir de los incendios», señaló el meteorólogo Alejandro Gómez en diálogo con RECONECTAR.

Efectos en la salud

Las partículas en suspensión son pequeños cuerpos sólidos o diminutas gotas de líquidos dispersos en la atmósfera. Son generadas por actividades humanas -como incendios o quema de combustible- o naturales -como erupciones volcánicas-, explicaron desde el Servicio de Alerta Temprana -SAT- de Rosario. 

Las partículas más grandes -PM10- suelen quedar alojadas en nariz y garganta, mientras que las partículas menores -PM2.5- son las que pueden llegar hasta los alvéolos pulmonares.

Es decir que, estas últimas son las más perjudiciales para la salud ya que penetran con mayor profundidad en el sistema respiratorio, indicaron desde el Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario -UNR-. 

Respirar aire contaminado genera efectos nocivos a nivel respiratorio y cardíaco. La exposición prolongada en el tiempo aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y cáncer de pulmón. 

Estos efectos se ven agudizados en la población que padece problemas respiratorios crónicos, tales como asma o EPOC. Asimismo, los efectos también repercuten en la población que presenta problemas cardíacos agudos ya que afecta la capacidad de captación de oxígeno y del sistema cardiovascular. 

En ese sentido, «es imperioso abordar las causas que originaron estos hechos e implementar medidas de control para evitar su repetición. Se trata de una devastación del ecosistema, que afecta a los humedales del río Paraná», expresaron desde la UNR.

Cuando el aire se encuentra contaminado, se recomienda evitar las actividades al aire libre y utilizar tapabocas o barbijos, tal como se aconseja para la prevención de la pandemia.