Está en todas partes. Desde el suelo a los océanos, pasando por la atmósfera e incluyendo a cientos de especies. La contaminación por plásticos es una gigantesca bola de nieve que no para de crecer y que seguirá haciéndolo mientras no existan acciones globales para hacer frente a este problema. Es lo que concluye una investigación publicada en la revista Science.

Si seguimos como hasta ahora, los residuos plásticos que contaminarán los océanos y la tierra supondrán más de 1.300 millones de toneladas durante el período de 2016 a 2040. Ese sería el escenario más nefasto.

En la otra cara de la moneda, si el sistema experimentara una auténtica revolución y se implementaran medidas de calado en todas las fases de la cadena del plástico, la contaminación se reduciría hasta un 80% respecto al peor escenario, lo que supondrían, aun así, unas 710 millones de toneladas de desechos plásticos en ese período, según el estudio.

“Con las tecnologías, el conocimiento y las estrategias que tenemos hoy en día podemos reducir la cantidad de desechos plásticos que entran al medioambiente cada año en un 80% en 2040”, afirma a El Ágora Winnie Lau, investigadora principal del estudio y responsable del proyecto Prevención de Plásticos Oceánicos en The Pew Charitable Trusts -EEUU-.

The Pew Charitable Trusts-Systemiq

La investigación se publica junto a un informe más extenso en el que participó un panel internacional de 17 expertos, entre ellos, Costas Velis, profesor de la facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Leeds -Reino Unido-, quien ve inalcanzable, hoy por hoy, la meta de cero residuos plásticos.

“No solo es imposible sino inconcebible, incluso con las políticas más agresivas de reducción del consumo de plástico”, recalca. En palabras del experto, la investigación muestra que, bajo un escenario de ‘reducir y sustituir’ que prioriza políticas para consumir menos plástico, la producción en 2040 sería de 210 millones de toneladas métricas por año, un nivel similar al de 2016.

Descubrí más | Los microplásticos llegaron al cuerpo humano


A pesar de que sea imposible que dentro de dos décadas desaparezcan los residuos plásticos, otros científicos que no han participado en el estudio como Fernando Valladares apuestan por no abandonar esa meta.

“Ese es el objetivo que hay que plantearse, lleguemos en la fecha que lleguemos, porque la acumulación de plásticos tiene unas dimensiones insostenibles desde todos los puntos de vista: ecológico, económico, social y sanitario”, enumera Valladares, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Un nuevo modelo en la pospandemia

Mediante modelos computacionales, la investigación contempla cinco escenarios que van desde la ausencia de cambios hasta una transformación total del sistema de plástico mundial, contemplando su producción, consumo o reciclaje. Además, el modelo también cuantifica los costes asociados, las consecuencias en el clima y en el mercado laboral de cada escenario.

En el mejor de los supuestos –denominado cambio de sistema– los gobiernos llegarían a ahorrar más de 60.000 millones de euros para 2040, en comparación con que sigamos como hasta ahora. También se reducirían un 25% las emisiones de gases de efecto invernadero anuales estimadas relacionadas con los plásticos y se crearían 700.000 puestos de trabajo vinculados a estos cambios productivos.

Descubrí más | Abrió el primer supermercado sin envases en Argentina


Y todo ello, en un escenario pos-COVID-19, con el consumo de este material disparado. “A medida que buscamos reconstruir a partir de la pandemia, es importante que las decisiones y acciones respalden una economía más resistente y sostenible, que aborde los desafíos ambientales globales como el cambio climático y la contaminación plástica, y que proteja la salud humana”, subraya Lau.

En esa misma línea, Velis aboga por aprovechar este nuevo panorama que ha dibujado el SARS-CoV-2 y repensar las estrategias actuales relacionadas con la gestión de este elemento. “La pandemia de COVID-19 llega en un momento en el que las medidas sobre la restricción de la producción y el uso de plásticos desechables de un solo uso estaban a punto de implementarse en muchos países”, recuerda.

Más allá de medidas nacionales, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible -ODS- y de directivas comunitarias como la referida a la reducción del impacto de determinados productos plásticos en el medio ambiente aprobada en 2019, los expertos lamentan que, a día de hoy, no existan tratados internacionales globales y vinculantes en este ámbito.

Las medidas del cambio

Para llegar al mejor escenario en 2040, los expertos proponen implementar medidas a lo largo de toda la cadena del plástico. En primer lugar, reducir el aumento de su producción y su consumo. Con esto se evitaría alrededor de un tercio de la generación de estos residuos.

También es clave sustituir el plástico por papel y materiales compostables, así como diseñar productos aptos para reciclar, de forma que el porcentaje de material reciclable aumente de un 21% a un 54%.

Otra de las medidas pasa por expandir las tasas de recolección de residuos en países de ingresos medios y bajos, alcanzando hasta un 90% en las áreas urbanas y un 50% en las rurales. Los expertos también proponen duplicar la capacidad mundial de reciclaje mecánico -a 86 millones de toneladas anuales- y desarrollar la conversión de plástico en plástico, hasta conseguir 13 millones de toneladas métricas al año.

Descubrí más | Transforman plásticos en postes para evitar la tala de más de un millón de árboles


En cuanto a los microplásticos, los investigadores plantean cambios en cuatro de sus fuentes principales: neumáticos, telas, productos de higiene personal y pellets -combustible de biomasa-, para que se reduzcan las toneladas que llegan al océano en 1,8 millones al año. Esto supondría mejorar los diseños, prohibir determinados ingredientes y aprobar nuevos reglamentos para las empresas, entre otros cambios.

“Las medidas más importantes y más difíciles son las de coordinar las acciones a distintas escalas geográficas y políticas, es decir, entre regiones, países y continentes”, puntualiza Valladares.

Según el científico, tampoco se puede olvidar la investigación científica, puesto que necesitamos saber más sobre tecnologías, los efectos de los plásticos, sus consecuencias en la salud, en los ecosistemas y los costes económicos de las distintas alternativas. “La inversión en investigación hace falta ya y debe ser sólida y fiable porque hay muchas vidas y mucha inversión en juego”, concluye.


Suscribite a Reconectar en YouTube