Por Francisco Bolzán

Hay más de 20 mil incendios activos en Argentina. Así lo reflejan datos satelitales del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil –INPE-, ante la ausencia de estadísticas precisas en nuestro país.

De este modo, Argentina es el segundo país de Sudamérica con más incendios activos en las últimas 24 horas, detrás de Brasil que supera los 31 mil focos ígneos.

«Es terrible el número y nos pone en el segundo lugar en toda la región», lamentó la periodista e investigadora Adriana Amado en diálogo con TN. «Estamos detrás de Brasil, pero con un territorio muchísimo menor«, señaló.

Los incendios forestales afectan principalmente a territorios de 12 provincias: Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, Corrientes, Chaco, Formosa, Santiago del Estero, Salta, Tucumán, Misiones, Catamarca y La Rioja. Pero también hay incendios, en menor medida, en el resto de las provincias.

Aunque la grave situación que atraviesa Córdoba ocupa las primeras planas, seguida por lo que ocurre en el Delta, lo cierto es que Formosa es la provincia más afectada.

“Estamos viviendo un ecocidio, una destrucción suicida de los espacios que garantizan la calidad del agua, la tierra y el aire. Y vemos que las autoridades nacionales y provinciales no toman en serio este proceso, o hasta lo impulsaron», expresó el médico Damián Verzeñassi, director del Instituto de Salud Socio Ambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario, en diálogo con La Vaca.

«El gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, con amplio prontuario en la destrucción de territorios. El de Santa Fe, Omar Perotti, que se hizo el distraído hasta que la gente empezó a movilizarse por los incendios y el humo en Rosario y otros puntos de la provincia. Y el Gobierno nacional que, mientras medio país está en llamas, anuncia que la salida a la crisis del Covid-19 viene de la mano de los agroexportadores, los monocultivos y el extractivismo que destruyen el ambiente y siguen haciéndolo como demuestran estos incendios”, continuó Verzeñassi.

Causas

La causa de los voraces incendios se encuentra en la negligencia humana, combinada con la grave sequía por la escasez de lluvias, las altas temperaturas -inusuales para el invierno- y los fuertes vientos.

La sequía prolongada en la cuenca del río Paraná ha provocado un descenso del nivel del río a medidas históricas, lo que favorece la permanencia y propagación de las llamas.

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Se estima que la mayor parte de los incendios comenzó de manera intencional, con la posible intención de «limpiar» áreas con vegetación y utilizar esas hectáreas para fines agroproductivos.

A pesar de los reclamos de la sociedad en general y de la organizaciones ambientalistas, las denuncias judiciales, los anuncios oficiales de los gobiernos nacional, provinciales y municipales y las incansables acciones de bomberos, brigadistas y voluntarios, los incendios se siguen propagando sin control.

Consecuencias de los incendios

El fuego trae severas consecuencias ambientales: arrasa con el equilibrio de diversos ecosistemas, consume bosques nativos y mata a los animales que habitan allí -o, si logran huir, se quedan sin su hábitat natural y su alimento-.

Al mismo tiempo, produce una degradación o pérdida del suelo orgánico ya que con el fuego se elimina la biomasa verde sobre la superficie. Las cenizas también cambian la composición de los suelos y del agua de ríos y lagunas.

La quema libera gases de efecto invernadero a la atmósfera, principalmente dióxido de carbono, responsables del calentamiento global.

A nivel sanitario, en el corto plazo, el humo ocasiona problemas de salud, principalmente en personas con problemas respiratorios o cardíacos preexistentes. Resulta especialmente preocupante en medio de la pandemia de COVID-19. La presencia de humo en rutas y ciudades puede provocar siniestros viales. La exposición prolongada a la contaminación del aire y el calentamiento global genera complicaciones a largo plazo.

Pero también deja daños económicos. Además de los gastos que genera la movilización de bomberos, brigadistas y aviones hidrantes para combatir las llamas; se destruyen viviendas, tendidos eléctricos e infraestructura productiva. Las consecuencias medioambientales comprometen la productividad y el turismo de naturaleza a futuro. 

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«Es un problema que hay que mirar con una visión integral, con responsabilidad por parte de la ciudadanía y también del sector productivo», sostuvo Marta Soneira, secretaria de Desarrollo Territorial y Ambiente de Chaco.

“No queremos seguir encerrados mientras las corporaciones extractivistas, alentadas por el Estado, siguen destruyendo nuestros territorios, principalmente en este contexto de Covid-19 donde nos sacan hasta la capacidad de respirar”, enfatizó Verzeñassi.