Redacción Reconectar

Cuanto mayor es la actividad física que realiza una persona, más larga es su expectativa de vida. O, dicho de otro modo, menor es su riesgo de muerte a causa de enfermedades relacionadas con el sedentarismo. Así lo reveló un nuevo estudio científico que combina datos de otros ocho estudios.

¿No era algo que se sabía desde hace mucho tiempo? Más o menos. 

Sabemos que muchas enfermedades crónicas y muertes prematuras están asociadas con la inactividad física. Y disponemos cada vez de más datos científicos al respecto.

Hasta hace poco, la información sobre los efectos de la actividad física no era demasiado objetiva. En los estudios científicos, los detalles de la actividad o inactividad física eran proporcionados por cada persona. Ese procedimiento se presta a errores, porque así es fácil que se subestime la intensidad real de los ejercicios realizados. Además, es difícil determinar cómo cambia el estado de salud en respuesta a diferentes niveles de actividad física, sobre todo cuando esta es de baja intensidad.

Los resultados de este nuevo análisis -que se valió de acelerómetros para medir objetivamente la intensidad de los ejercicios- confirmaron en parte lo que ya se sabía, pero aportaron información adicional valiosa.

Lo nuevo

  • Para empezar, los resultados demuestran que el impacto positivo de hacer actividad física es el doble de lo que se había estimado anteriormente -con los estudios en los que se preguntaba a los participantes qué actividad habían realizado-.
  • Por otro lado, se comprobó que, sea cual sea la intensidad de la actividad física, esta se asocia con una reducción sustancial del riesgo de muerte. Ahora bien, también se observó que cuanto mayor es la actividad que se desarrolla, menor es el riesgo de muerte. En otras palabras: hacer mucha actividad es más beneficioso que hacer poca.
  • La reducción más significativa en el riesgo de muerte se produce al llegar a algo más de 6 horas diarias realizando una actividad física de muy baja intensidad, unas 5 horas si la intensidad es moderadamente baja, una hora y media para una intensidad moderadamente alta, y media hora si la intensidad del ejercicio físico es muy alta.
  • Por último, se determinó que los hábitos de vida sedentarios conllevan un mayor riesgo de muerte, y ese aumento del riesgo se produce con claridad cuando se pasan más de nueve horas y media al día levantándose muy pocas veces del asiento.

Este estudio no buscó caracterizar las causas de muerte. Se limitó a constatar la existencia de un fuerte vínculo entre mortalidad e inactividad física. Y sus conclusiones son claras: es muy importante no pasar demasiado tiempo sentados, trabajando o viendo la televisión, y mantenerse lo más activos posible.

Si no podemos desarrollar mucha actividad, eso no debe ser motivo para no hacer ninguna: todos los pasos que demos, aunque sean unos pocos, reportan beneficios.

Los detalles del metaanálisis científico

El metaanálisis –así se denominan los estudios que combinan datos procedentes de varias investigaciones para ganar seguridad en las conclusiones– combinó información procedente de 8 estudios que, en total, abarcaron a 36.383 personas mayores de 40 años de edad y a las que, durante unos 6 años -promedio-, se les midió la actividad que desarrollaban.

En las investigaciones analizadas el nivel de actividad física no se había establecido a partir de la información de los participantes, sino mediante acelerómetros. De esa forma se excluyó la subjetividad y los errores propios de los estudios anteriores.

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Del total de participantes, 2.149 -5,9 %- murieron durante el los años en que se llevó a cabo el estudio. Fue precisamente la probabilidad de morir durante el período de seguimiento la variable que se utilizó para establecer la influencia de la actividad física sobre el estado de salud general.