«No sabemos qué hay dentro de los agujeros negros y eso es lo que los hace tan fascinantes», sostuvo la estadounidense Andrea Ghez minutos después de conocer que se había convertido este martes en la cuarta mujer en la historia galardonada con el premio Nobel de Física.

Le fue otorgado junto a otros dos investigadores, el alemán Reinhard Genzel y el británico Roger Penrose, sin duda el más célebre de los galardonados, por arrojar luz, si se permite el juego de palabras, sobre los agujeros negros.

Estas regiones exóticas del espacio son, según la Real Academia de las Ciencias sueca, «los secretos más oscuros del Universo«.

Concretamente, Roger Penrose demostró que la teoría general de la relatividad conduce a la formación de agujeros negros. Reinhard Genzel y Andrea Ghez descubrieron que un objeto invisible y extremadamente pesado gobierna las órbitas de las estrellas en el centro de nuestra galaxia. Un agujero negro supermasivo es la única explicación conocida actualmente.

El descubrimiento de Penrose

Roger Penrose utilizó ingeniosos métodos matemáticos en su demostración de que los agujeros negros son una consecuencia directa de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein.

El mismo Einstein no creía que los agujeros negros realmente existieran, esos monstruos superpesados ​​que capturan todo lo que entra en ellos. Nada puede escapar, ni siquiera la luz.

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En enero de 1965, 10 años después de la muerte de Einstein, Roger Penrose demostró que los agujeros negros realmente se pueden formar y los describió en detalle; en su corazón, los agujeros negros esconden una singularidad en la que cesan todas las leyes conocidas de la naturaleza.

Su innovador artículo todavía se considera la contribución más importante a la teoría general de la relatividad desde Einstein.

El «monstruo» de la Vía Láctea

Reinhard Genzel y Andrea Ghez lideran cada uno su respectivo grupo de astrónomos que, desde principios de la década de 1990, se han centrado en una región llamada Sagitario A* en el centro de nuestra galaxia. Las órbitas de las estrellas más brillantes más cercanas al centro de la Vía Láctea se han cartografiado con una precisión cada vez mayor.

Las mediciones de estos dos grupos concuerdan, y ambos encontraron un objeto invisible extremadamente pesado que tira del revoltijo de estrellas, haciendo que se apresuren a velocidades vertiginosas. Alrededor de cuatro millones de masas solares se agrupan en una región no mayor que nuestro sistema solar.

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Usando los telescopios más grandes del mundo, Genzel y Ghez desarrollaron métodos para ver a través de las enormes nubes de gas y polvo interestelar hasta el centro de la Vía Láctea.

Extendiendo los límites de la tecnología, perfeccionaron nuevas técnicas para compensar las distorsiones causadas por la atmósfera de la Tierra, construyendo instrumentos únicos y comprometiéndose con la investigación a largo plazo. Su trabajo pionero nos ha proporcionado la evidencia más convincente hasta ahora de que existe un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

Preguntas y misterios por resolver

«Los descubrimientos de los galardonados de este año han abierto nuevos caminos en el estudio de objetos compactos y supermasivos. Pero estos objetos exóticos todavía plantean muchas preguntas que piden respuestas y motivan la investigación futura. No solo preguntas sobre su estructura interna, sino también sobre cómo probar nuestra teoría de la gravedad en las condiciones extremas en las inmediaciones de un agujero negro», sostuvo David Haviland, presidente del Comité Nobel de Física.

«Espero inspirar a otras mujeres jóvenes en este campo. Si te apasiona la ciencia hay mucho que se puede hacer», expresó Ghez tras la ceremonia en Estocolmo. «Es muy importante convencer a la generación más joven de que su capacidad de cuestionar y pensar es crucial para el futuro del mundo». Quizás quien siga sus pasos pueda resolver los misterios aún en la oscuridad y merecer otro Nobel de Física.

Penrose fue galardonado con la mitad de los 10 millones de coronas suecas -unos 960.000 euros- del premio; mientras que Genzel y Ghez se llevan un cuarto del total cada uno.