La poeta estadounidense Louise Glück, autora de nueve libros de poesía que se sumergen en cuestiones como la decepción, el rechazo, muerte, amor y la traición, resultó ganadora del Premio Nobel de Literatura 2020, «por su inconfundible voz poética que con austera belleza hace universal la existencia individual», según el fallo de la Academia Sueca anunciado hoy desde Estocolmo.

Nacida en Nueva York en 1943, Glück es autora de más de una decena de libros de poesía, entre los que se destacan «Vita Nova», «Seven Ages» y «Averno», además de una colección de ensayos, «Proofs and Theories», que obtuvo el Premio PEN/Martha Albrand. Su primera obra publicada fue «Firstborn».

«Su inconfundible voz poética»

«Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria«, escribe la poeta, de 77 años, en uno de sus textos más bellos, que lleva el título de «Nostos», una expresión de origen griego que se puede traducir como «regreso al hogar».

Todos los poemas y ensayos sobre poesía de Glück se caracterizan por la búsqueda de claridad. La infancia y la vida familiar, la estrecha relación con padres y hermanos, es una temática que ha seguido siendo central para ella. En sus poemas, el yo escucha lo que queda de sus sueños e ilusiones, y nadie puede ser más duro que ella para afrontar las ilusiones del yo. 

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Pero incluso si Glück nunca negara el significado del trasfondo autobiográfico, no debe ser considerada una poeta confesional. Glück busca lo universal, y en ello se inspira en los mitos y motivos clásicos, presentes en la mayoría de sus obras. 

Según señala en su fallo la Academia Sueca, no solo es una poeta preocupada por “errores y las condiciones cambiantes de la vida, sino que también lo es del cambio radical y el renacimiento”.

Tres poemas de Glück

 

La mariposa

Mira, una mariposa. ¿Pediste un deseo?

Uno no pide deseos a las mariposas.

Tú hazlo. ¿Pediste uno?

Sí.

Pues no cuenta.

 

Semejanza final

La última vez que vi a mi padre ambos hicimos lo mismo.

Él estaba parado en la puerta de su habitación,

esperando que yo acabase de hablar por teléfono.

Que él no estuviera pendiente a su reloj

era una señal de que quería conversar.

Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.

Él decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.

Y en eso consistía.

Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.

Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca en la marquesina.

Mi padre y yo evitábamos estar solos;

No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.

Era como si no existieran

otras posibilidades.

Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,

hay de que hablar.

Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle

los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero

apareció al final de la cuadra

hasta que se detuvo para estacionarse.

Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.

Dijo que no estaba sufriendo.

Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.

Lo único que sentía era una especie de debilidad.

Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.

Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.

No gente que conociéramos. Nuevas familias,

familias con niños pequeños.

Las amas de casa se paraban en la marquesina, gritando o haciendo ademanes.

Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,

Sin abrazarnos, nada dramático.

Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,

Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,

ya que le molesta cuando una mano no se está usando.

Pero por primera vez, mi padre no solo se quedó parado ahí.

Esta vez saludó.

Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.

Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.

 

El deseo

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí

sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté

qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,

que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.

Pedí otro poema.

Ilustración: Niklas Elmehed