Lograr restaurar ecosistemas que fueron convertidos a pastizales o espacios para agricultura tendría un doble beneficio: uno en la biodiversidad y otro en la mitigación del cambio climático. Esto concluyó un estudio publicado en la revista Nature y realizado por 27 investigadores de 12 diferentes países.

Tras analizar 870 millones de hectáreas de ecosistemas en todo el mundo que se han convertido en tierras de cultivo, el estudio concluyó que si se logra restaurar el 15% de estas tierras se evitaría el 60% de las extinciones. Esta restauración debe ir de la mano con la protección de las áreas que aún se conservan.

Además, si un tercio -33%- de las áreas del planeta más degradadas fueran restauradas y esta protección se extendiera a áreas que aún están en buenas condiciones, se podría almacenar el equivalente a la mitad del carbono generado por las emisiones de gases invernadero causadas por el hombre desde la revolución industrial. Estos cambios evitarían el 70% de las extinciones de especies.

Específicamente, el 54% de los ecosistemas analizados eran originalmente bosques, el 25% pastizales, el 14% matorrales, el 4% tierras áridas y el 2% humedales.

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“Impulsar los planes para devolver grandes extensiones de la naturaleza a un estado natural es fundamental para evitar que la biodiversidad y la crisis climática en curso se salgan de control”, dijo Bernardo BN Strassburg, autor principal.

“Demostramos que si somos más inteligentes acerca de dónde restauramos la naturaleza, podemos marcar las casillas del clima, la biodiversidad y el presupuesto en la lista de tareas urgentes del mundo”.

Pero los beneficios no paran ahí: el estudio también concluyó que restaurar el 15% de las tierras del mundo implicaría absorber más de 463 mil millones de toneladas de dióxido de carbono.

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Para sortear el falso dilema de que la restauración de ecosistemas les quite espacio a los cultivos y, por ende, amenace la seguridad alimentaria, los investigadores calcularon que el 55% -1.578 millones de hectáreas- de los ecosistemas que se habían convertido en tierras de cultivo, podrían restaurarse sin interrumpir la producción de alimentos. La restauración, además, resultaría beneficiosa para la producción y la salud humana.

Esto podría lograrse mediante la intensificación bien planificada y sostenible de la producción de alimentos, junto con una reducción del desperdicio de alimentos y un abandono de alimentos como la carne y el queso, que requieren grandes extensiones de tierra y, por lo tanto, producen emisiones desproporcionadas de gases de efecto invernadero, sostienen los autores.

Link al estudio publicado en Nature -en inglés-.