Más de 1000 científicos del CONICET, de 30 universidades públicas nacionales e incluso del INTA manifestaron su rechazo a la introducción del trigo transgénico HB4 en Argentina. El Gobierno nacional autorizó la semilla junto al peligroso agrotóxico glufosinato de amonio, «un herbicida 15 veces más tóxico que el glifosato«.

El trigo transgénico desarrollado por la empresa Bioceres-Indear fue autorizado a través de la resolución 41/2020 del Ministerio de Agricultura de la Nación, publicada el 9 de octubre en el Boletín Oficial.

«Esta autorización remite a un modelo de agronegocio que se ha demostrado nocivo en términos ambientales y sociales, causante principal de las pérdidas de biodiversidad, que no resuelve los problemas de la alimentación y que amenaza además la salud de nuestro pueblo confrontando la seguridad y la soberanía alimentaria», comienza la carta abierta de los científicos y académicos.

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El escrito fue firmado por Damián Verzeñass, Alicia Massarini, Particia Kandus, Rafael Lajmanovich, Elena María Abraham, Matías Blaustein, Damián Marino, Haydée Norma Pizarro, Patricia Puntos, Guillermo Folguera, Maristella Svampa y Juan Wahren, entre otros.

En contraposición a los más de 1000 científicos del CONICET, casi todas las universidades del país e incluso del INTA, solo se expidieron a favor del trigo transgénico Raquel Chan -quien trabaja con Bioceres-Indear-; el ministro de Ciencia, Roberto Salvarezza; y la presidenta del CONICET, Ana Franchi.

Numerosas evidencias de daño

La carta remarca que ya existen numerosas evidencias de las consecuencias negativas que producen los modos y los paquetes tecnológicos usados actualmente en la producción agrícola en Argentina, en Latinoamérica y en países centrales, especialmente en Estados Unidos.

«Cientos de investigaciones sobre daños ambientales y sanitarios han sido publicadas en revistas científicas internacionales y muchos más testimonios y denuncias han sido impulsadas de manera sostenida por comunidades, trabajadores de la salud y movimientos sociales de nuestra región. Es indudable que el actual modelo productivo hegemónico de la agroindustria concentra capital, profundiza la desigualdad económica y social, genera el deterioro de la salud de las comunidades y de los ecosistemas y acelera la pérdida de biodiversidad, amenazando la seguridad alimentaria y dejando a su paso territorios devastados ambiental y socialmente«, afirman los especialistas.

Un agrotóxico más peligroso que el glifosato

Los científicos cuestionan el uso masivo de agrotóxicos del actual modelo agropecuario y precisaron que el glufosinato de amonio, que se usará con el nuevo trigo, «es un herbicida 15 veces más tóxico que el glifosato, ampliamente cuestionado y prohibido en muchos países por su toxicidad aguda y sus efectos neurotóxicos, genotóxicos y alteradores de la colinesterasa«.

El compuesto «es letal para organismos que contribuyen naturalmente a mantener la dinámica de los agroecosistemas, deteriora enormemente la calidad del agua dulce acelerando procesos de eutrofización y penetra hacia napas subterráneas».

Llegará a la mesa de los argentinos

Recordaron que el trigo es la base de la alimentación de los argentinos, ya que con él se elabora el pan y gran parte de los alimentos a base de harina.

«A partir de esta autorización, el trigo HB4 tendrá residuos de glufosinato al igual que las harinas y sus derivados, es decir, habrá glufosinato en alimentos básicos de consumo diario. Dado que en Argentina no hay ley de etiquetado de transgénicos, toda la población estaría expuesta a su ingesta en la dieta diaria», cuestionaron los más de 1000 científicos.

Profundización del modelo

«Los transgénicos agrícolas, a pesar del enorme esfuerzo propagandístico en pos de presentarlos como una innovación virtuosa para ‘alimentar al mundo’ solo han servido para generar lucro para unos pocos. Los organismos transgénicos no son necesarios para garantizar ningún derecho del pueblo, por el contrario, atentan contra la salud socioambiental y amenazan la soberanía alimentaria«, aseguran los científicos.

En la carta abierta, enviada tanto a Presidencia como las autoridades de Ciencia, se preguntan quiénes y por qué deciden el avance de estos transgénicos y agrotóxicos. «¿Es aceptable que este tipo de decisiones que nos afectan a todos y comprometen el futuro de todas las generaciones, sean tomadas por un pequeño grupo de funcionarios y especialistas, muchas veces ligados a corporaciones? ¿Es aceptable el desarrollo y la aprobación de nuevos cultivos transgénicos que profundizarán los daños y el despojo de nuestro pueblo y nuestros territorios?», señalan.

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Consideran, además, que la aprobación del trigo transgénico es una medida «que solo puede explicarse por el avance de intereses corporativos por sobre el interés común, la salud pública, la defensa de la vida y de la casa común».

Solicitan al Gobierno nacional que dé marcha atrás con la aprobación del trigo transgénico e instan a un debate democrático sobre el modelo de producción, la necesidad de un cambio transformador y «la promoción de una ciencia independiente» que investigue los impactos de las empresas de los agronegocios en lo sanitario, en lo ambiental y en lo económico, «una ciencia que escuche las voces de transformación y que conduzca hacia la soberanía alimentaria».


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