Por Francisco Bolzán - Foto: Radio Mundo Real

Si nos preguntamos qué es lo que estamos comiendo, dónde se produce, de qué manera, cuáles son sus ingredientes, quiénes intervinieron en el proceso, cómo llegó hasta nosotros, por qué no toda la sociedad tiene acceso a un plato de comida y qué impacto tuvo su producción en las personas y el medioambiente, aparece sobre la mesa el concepto de soberanía alimentaria.

¿En qué consiste? «La soberanía alimentaria es la posibilidad de los pueblos de definir sobre su propio proceso alimentario: qué, cuándo, dónde y cómo se produce, para qué, cómo se distribuye y cómo se garantiza el uso de la tierra sin poner en riesgo las necesidades de las generaciones futuras», definió el médico y docente universitario Damián Verzeñassi en diálogo con RECONECTAR.

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El concepto nació en 1996 en la Asamblea Mundial sobre la Alimentación organizada por FAO -siglas en inglés de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura- ante la necesidad de ampliar la noción de «seguridad alimentaria», que se utilizaba hasta ese momento.

La seguridad alimentaria se define como el acceso material y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos para todos los individuos, pero no tiene en cuenta dónde, quién y en qué condiciones se producen esos alimentos.

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Avanzar hacia la soberanía alimentaria

Al mismo tiempo, Verzeñassi señaló que soberanía alimentaria «no es solamente que el Estado sea dueño de las empresas de producción» -en referencia al anuncio de expropiación de la empresa Vicentín realizado por el presidente Alberto Fernández meses atrás-, especialmente si, como dueño, el Estado sostiene «los mismos modos de producción que han destruido a los campesinos y a los territorios, que se basan en transgénicos y agrotóxicos o en la destrucción extractivista del territorio, ya sea en la minería o en la industria del hidrofracking», sostuvo.

En ese sentido, ejemplificó: «YPF es del Estado y no garantiza soberanía energética con sus modos de destrucción de los territorios, ni garantiza soberanía alimentaria con su área de fertilizantes que produce pesticidas en base a glifosato y profundiza este modelo agroexportador destructor del territorio».

«La lucha y la verdadera política de estímulo a la soberanía alimentaria pasa por estimular la producción de los pequeños campesinos, de los medianos productores, de garantizar vías de distribución del alimento sano en todo el país, en cantidad y calidad para toda la población y eso se hace con modos locales de producción, con estímulo a la producción periurbana, con condiciones objetivas de vida saludable para los productores y trabajadores y eso empieza con los productores siendo propietarios de sus territorios», agregó.

«Alimentos de verdad»

Una estrategia para comenzar a resolver el problema de la mala alimentación y, a la vez, reparar los daños del modelo agrotecnológico y extractivista puede ser «una política de defensa y estímulo de la producción de alimentos de verdad, de comida sana, sin venenos, sin agrotóxicos, que empiece por garantizar la estabilidad en la propiedad de la tierra a quien la produce«, planteó Verzeñassi.

«No hablo de regalarles la tierra, sino de generar las condiciones para que puedan comprarla. Porque además los trabajadores de la tierra no piden que les regalen la tierra, están pidiendo que les den créditos que sean posibles de pagar para poder comprar sus terrenos, tener sus propios territorios y así poder producir en sus lugares y animarse a hacer inversiones para tener mejores condiciones para un proceso agroecológico en sus terrenos», detalló.

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«Me parece que esa sería una política de Estado que iniciaría el camino de la resolución del problema de la mala comida a la que estamos accediendo. Salvo que tengamos el dinero suficiente para pagar los productos que el oligopolio de las grandes cadenas de supermercados pone en sus góndolas como orgánicos y a los cuales les eleva el precio por cuatro o por cinco», contrastó.

Esto «es una barbaridad, porque transforma alimentos sanos en un privilegio, en lugar de ser un derecho«, remarcó el director del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario.

«Trabajar por la salud»

La soberanía alimentaria parte de «una decisión política de ser un Estado soberano de verdad, una decisión política de realmente trabajar por la salud de la población, entendiendo que la salud no es no tener síntomas de una enfermedad, sino que es poder ejercer el derecho a luchar por una vida digna, fortaleciendo las diversidades y deconstruyendo las hegemonías; la salud es una condición esencial para la libertad de los pueblos y de los sujetos», enfatizó Verzeñassi.

La estrategia pasa por «construir una sociedad saludable, donde la alimentación sana y de calidad sea la base fundamental para construir sistemas inmunológicos apropiados en los sujetos y las comunidades».

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