Vamos camino a una «jungla de asfalto«, según un estudio publicado semanas atrás en la revista Nature. Edificios de hormigón y ladrillo, calles de asfalto, máquinas de acero y plástico y productos de todo tipo fabricados -y acumulados- por el ser humano se están produciendo a un ritmo que en 2020 superó la velocidad de creación de la materia orgánica -biomasa- por parte de la naturaleza.

De acuerdo a los científicos de Instituto Weizmann de Ciencias en Israel, que han liderado el trabajo, los materiales de origen antropogénico -creados por el ser humano- se han duplicado cada 20 años durante el último siglo. La tendencia irá a más, y prevén que esta masa artificial alcance los dos teratones, es decir los dos billones de toneladas, para el año 2040.

La costumbre de producir sin freno y de acumular objetos, recursos e incluso residuos nos ha llevado a una suerte de síndrome de Diógenes planetario. Este trastorno del comportamiento se caracteriza por la acumulación desmedida de pertenencias y basura en la propia casa. Fácilmente podemos extrapolar esta definición a la humanidad en general.

«En el estudio mostramos que la masa antropogénica excede ahora a la biomasa viva. Para ilustrarlo, demostramos que la masa de edificios y la infraestructura en general es ahora mayor que la masa de todos los árboles y arbustos juntos», explica a SINC Emily Elhacham, primera autora de la investigación y científica en el departamento de Ciencias Vegetales y Ambientales del centro israelí.

Del mismo modo, la masa de todos los plásticos es el doble de la masa de todos los animales marinos y terrestres vivos.

En solo 120 años

El estudio, que refleja una instantánea del panorama actual de nuestro planeta calculando el peso seco y húmedo -excluyendo el agua-, sugiere que la masa creada por el ser humano duplicará dentro de 20 años a la masa viviente, situada ahora en algo más de un teratón, es decir un billón de toneladas.

La creación de masa antropogénica se ha acelerado notablemente durante los últimos 120 años de la historia de la humanidad: a principios del siglo XX equivalía a apenas el 3% de la biomasa total.

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Más aún, «la mayor parte de lo que tenemos ahora se ha construido desde la década de 1960. Ahora todo esto está llegando al final de su vida útil, por lo que realmente nos enfrentamos a enormes flujos de desechos», enfatizó Fridolin Krausmann, del Instituto de Ecología Social de la Universidad de Recursos Naturales y Ciencias de la Vida de la Universidad de Viena, y revisor por pares del presente trabajo.

¿Cómo se pasó de ese porcentaje menor a una masa equivalente en poco más de un siglo? No solo se ha multiplicado la cifra durante estos años, sino que los objetos que se han producido superaron con creces el crecimiento de la población.

Aumenta la masa antropogénica, disminuye la vegetal

Los científicos revelan, así, que por cada persona que vive en el mundo se produce, de media cada semana, una cantidad de masa antropogénica mayor que su propio peso corporal. Este incremento ha sido notable sobre todo a partir de la década de 1950, después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los materiales de construcción como el hormigón y los agregados se hicieron cada vez más accesibles.

«Se trata de una caracterización cuantitativa simbólica y masiva del Antropoceno. Dada la evidencia empírica sobre la masa acumulada de productos humanos, ya no podemos negar nuestro papel central en el mundo natural. Somos un actor importante y eso conlleva una responsabilidad compartida», comenta Elhacham.

La aceleración productiva de mitad del siglo XX mantuvo su curso a lo largo de las seis décadas siguientes. Los materiales empleados para la construcción de casas y pisos unifamiliares, carreteras y edificios de oficinas constituyen ahora la principal fuente de esta masa artificial.

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El desequilibrio entre masa natural y antropogénica se ha producido también no solo por el aumento exponencial de la artificial, que se produce en la actualidad a un ritmo de 30 gigatoneladas por año, sino también porque el ser humano ha reducido a la mitad la biomasa vegetal desde el inicio de la agricultura, a través de cambios en el uso del suelo como la deforestación.

«No podemos pensar que solo somos una especie pequeña entre muchas. Estos números deberían ser un llamado de atención. Nos dicen algo sobre la responsabilidad que tenemos, dado que nos hemos convertido en una fuerza dominante», señaló Ron Milo, coautor principal del trabajo e investigador en el instituto israelí.

¿Seguiremos acumulando?

La nueva investigación también implica una advertencia para el futuro, ya que toda esta acumulación de masa tiene profundas implicaciones para los hábitats naturales, la biodiversidad y los ciclos climáticos y biogeoquímicos.

Si las tendencias actuales se mantienen, la masa antropogénica crecerá hasta tres veces la biomasa mundial para 2040, defienden los científicos en su investigación. «Y toda esa nueva masa tarde o temprano se convertirá en un desperdicio que tendrá que ser tratado» añadió Krausmann.