Nuestra alimentación y los modos de producción tendrán que cambiar rápida y drásticamente para evitar la pérdida de biodiversidad acelerada y generalizada en todo el mundo, según un nuevo estudio publicado en Nature Sustainability.

El doctor David Williams, de la Escuela de la Tierra y el Medio Ambiente de Leeds, y el Instituto de Investigación de Sostenibilidad y el autor principal del artículo estimó que «la expansión agrícola para alimentar a una población mundial cada vez más rica probablemente afectará a unas 20.000 especies de mamíferos, aves y anfibios«.

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«Nuestra investigación sugiere que sin grandes cambios en los sistemas alimentarios, para 2050 se podrían perder millones de kilómetros cuadrados de hábitats naturales«, alertó.

Además, «es probable que casi 1.300 especies pierdan al menos una cuarta parte de su hábitat restante, y cientos podrían perder al menos la mitad. Esto las hace mucho más propensas a extinguirse. En última instancia, tenemos que cambiar lo que comemos y cómo se produce si queremos salvar la vida silvestre a escala global. Necesitamos alterar tanto nuestras dietas como nuestros métodos de producción de alimentos».

Un estudio preciso

El estudio, dirigido por la Universidad de Leeds y la Universidad de Oxford, en Reino Unido, estimó cómo los sistemas de alimentación afectarían la biodiversidad a una escala espacial más fina que la investigación anterior -2,25 km2-, lo que hace que los resultados sean más relevantes para las acciones de conservación al resaltar exactamente qué especies y paisajes probablemente estén amenazados.

Lo hizo al vincular las proyecciones de cuánta tierra agrícola necesitará cada país con un nuevo modelo que estima dónde es más probable que ocurra la expansión y el abandono agrícolas.

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Al observar si las especies animales individuales pueden sobrevivir en tierras de cultivo o no, los investigadores pudieron estimar los cambios en el hábitat y encontraron que las pérdidas son particularmente graves en el África subsahariana y en partes de América Central y del Sur.

Muchas de las especies que probablemente se verán más afectadas no están incluidas en la lista de especies amenazadas de extinción.

Se necesitan «esfuerzos proactivos»

El doctor Michael Clark, de la Oxford Martin School y el Departamento de Salud de la Población de Nuffield, de la Universidad de Oxford, y uno de los autores principales del artículo, afirmó que, «dado que los objetivos internacionales de biodiversidad se actualizarán en 2021, estos resultados resaltan la importancia de los esfuerzos proactivos para salvaguardar la biodiversidad mediante la reducción de la demanda de tierras agrícolas».

«Las discusiones sobre ralentizar y revertir la pérdida de biodiversidad a menudo se centran en acciones de conservación convencionales, como el establecimiento de nuevas áreas protegidas o legislación específica de especies para especies amenazadas. Estas son absolutamente necesarias y han sido eficaces para conservar la biodiversidad”.

Sin embargo, en su opinión, esta nueva investigación enfatiza la importancia de reducir también las tensiones sobre la biodiversidad en áreas no protegidas, amenazadas por la expansión agropecuaria. «La buena noticia es que si hacemos cambios ambiciosos en el sistema alimentario, podemos prevenir casi todas estas pérdidas de hábitat», resalta.

Un cambio posible en la alimentación

El estudio examinó el impacto potencial de realizar estos ambiciosos cambios, modelando si las transiciones a una alimentación saludable, las reducciones en la pérdida y el desperdicio de alimentos, los aumentos en el rendimiento de los cultivos y la planificación internacional del uso de la tierra podrían reducir las pérdidas futuras de biodiversidad.

Este enfoque permite a los formuladores de políticas y a los conservacionistas identificar qué cambios pueden tener el mayor beneficio en su país o región. Por ejemplo, el aumento de los rendimientos agrícolas probablemente traería enormes beneficios para la biodiversidad en África subsahariana, pero haría muy poco en América del Norte, donde los rendimientos ya son altos.

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Por el contrario, cambiar a dietas más saludables tendría grandes beneficios en América del Norte, pero es menos probable que tenga grandes beneficios en regiones donde el consumo de carne es bajo y la inseguridad alimentaria es alta.

El doctor Clark añadió que «es importante destacar que tenemos que hacer todas estas cosas. Ningún enfoque es suficiente por sí solo pero, con la coordinación global y la acción rápida, debería ser posible proporcionar dietas saludables para la población mundial en 2050 sin grandes pérdidas de hábitat«.