Científicos alertan de la incidencia en la salud de los incendios forestales y de la presencia en el humo de microbios, ante las tasas crecientes de determinadas infecciones fúngicas en áreas con niveles elevados de humo de incendios forestales.

El humo del creciente número de incendios forestales que cada año se registran en Argentina y en el mundo ha provocado períodos prolongados con calidad de aire nociva y peligrosa para millones de personas que habitan en estas regiones. Y el calentamiento global hará que estos grandes incendios vayan en aumento.

En un artículo de Perspective publicado en la revista Science, Leda Kobziar y George Thompson III destacan una amenaza poco conocida y poco comprendida que potencialmente acecha en las columnas de humo: los microbios infecciosos.

Según Kobziar y Thompson, el humo de los incendios forestales contiene microbios vivos (bacterias y hongos que se sabe que afectan a la salud humana) en forma de aerosol de los materiales en llamas como suelos, detritos y bosques silvestres, que son transportados en columnas de humo.

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Sin embargo, aunque las consecuencias pulmonares y cardiovasculares de la exposición al humo son bien conocidas y admitidas, la posibilidad de que el humo de los incendios forestales sea una fuente de infección se ha pasado por alto y sigue sin abordarse en la ciencia de la salud pública y los incendios forestales.

Hasta la fecha, se han realizado muy pocas investigaciones para determinar si el transporte de microbios transmitidos por el humo representa un riesgo para la salud, además del riesgo conocido por inhalación de partículas, a pesar de la convincente evidencia que muestra tasas crecientes de determinadas infecciones fúngicas en áreas con niveles elevados de humo de incendios forestales.

Kobziar y Thompson argumentan que es apreciable el potencial de que el contenido microbiano de un incendio forestal afecte a los humanos que respiran el humo, especialmente procedente de incendios grandes y durante períodos prolongados.

Por lo tanto, las ciencias atmosféricas y de la salud pública deben ampliar su enfoque para incluir el impacto potencial de la carga microbiana del humo en las poblaciones humanas, un objetivo especialmente relevante en los lugares donde es más probable que los cielos llenos de humo se conviertan en norma estacional en lugar de un raro evento, escriben los autores.